La Coctelera

Postales desde Mongolia

· Nunca convencerás a un ratón de que un gato negro trae buena suerte ·

18 Marzo 2009

Una tarde con Murakami


¿Por qué vas?, me había preguntado una amiga días atrás. Por fetichismo, le respondí.

Llegué con dos horas de antelación y aún así ya se había formado una cola de unas cien personas. Antes de ponerme en ella, entré un momento en el edificio para ir al lavabo, consciente de que después sería poco menos que imposible y al volver a salir al cabo de dos minutos ya eran más de 150 los que aguardaban para asistir a la entrevista-conferencia que el escritor Haruki Murakami ofrecía ayer 17 de marzo en la Biblioteca Jaume Fuster del barrio de Gracia en Barcelona. Cuando poco antes de las siete de la tarde se abrió el Auditorio con capacidad para 200 personas, calculé que otras 600 se quedarían a las puertas.

Una vez dentro, acomodado en la penúltima fila con unos auriculares inalámbricos para la traducción (tanto Isabel Coixet, la entrevistadora, como Murakami utilizaron el inglés y el mío es bastante pobre), recordé que donde ahora se asienta este Centro Cultural, hace diez años no era más que un simple descampado donde crecían cuatro hierbajos y acodado por muros llenos de grafitis después de que el Ayuntamiento hubiera derribado las cocheras del Metro. Sé que es una tontería, pero lo primero que sentí al mirar el interior del Auditorio fue un punto de asombro al constatar que lo que en su día había sido un solar desolado en la actualidad se hubiera convertido en un espacio de encuentros entre autores y lectores; y todavía más que el invitado de ayer fuera precisamente Murakami, creador de tantos encuentros y desencuentros en esos solares desolados que pueblan muchas de sus obras. Tal vez esto último sólo sea una anécdota, pero tiendo a pensar que la escritura es algo así de simple: la construcción desde la desolación. Que luego se convierta en un acto de soberbia exhibicionista ya es otro cantar.

La siguiente imagen mental que me impresionó fue al acabar el acto, cuando el escritor japonés nos regaló a los asistentes con la firma de ejemplares (algo inusual en él). Subí al escenario, le di mi nombre a una asistenta que lo escribió en letras grandes en un folio para que Murakami lo leyera y tras un 'Hi!' por su parte, garabateó una escueta dedicatoria en el libro que le entregué. 'Nice to meet you' nos dijimos cortésmente al darnos la mano y seguidamente bajé del estrado. Fue entonces cuando la vi a ella, la mujer de Murakami, mirada ausente, sentada en un lateral y acompañada de una persona de la organización, hablando en susurros con su acompañante, mientras esperaba paciente a que su marido acabara de firmar los ejemplares. ¿Cómo debe ser compartir la vida con alguien al que medio mundo admira? ¿Qué se siente? ¿Cómo se lleva algo así? En cualquier caso, al pasar por su lado recordé haber leído que cuando Murakami acaba un texto se lo da a leer a ella, que lo corrige y en última instancia aprueba. Y sentí un punto mezcla de envidia y de admiración.

Entremedio, la charla. Si alguien esperaba una tesis doctoral se llevó un buen chasco. Coixet lanzaba preguntas (en algunos casos, con cierto calado) a las que el escritor respondía con una sencillez que rozaba lo anodino (aderezado, eso sí, con cierto humor). 'El único secreto para escribir bien es entrenar duro', dijo a modo de símil alguien que es fan de los maratones. Por lo demás, confesó que nunca ha vuelto a leer una obra suya ya publicada (tenía serias dificultades para recordar parte de ellas), que le desconcierta el éxito de sus relatos y que la escritura (para él) es como atravesar una puerta imaginaria donde reside la parte oscura de uno mismo. Algo que, dijo, puede ser tan excitante como peligroso.

Al salir, cerca ya de las nueve, me dejé caer en un McDonald's y cené un menú Big Mac mientras leía distraído un pasaje del libro que me había firmado.

-¿Dónde estamos? -preguntó Naoko.
-En Komsgome -dije-. Hemos dado una vuelta enorme.
-¿Y cómo es que hemos venido hasta aquí?
-Has sido tú quien me ha traído. Yo me he limitado a seguirte.

(La luciérnaga -Sauce Ciego, Mujer Dormida-)

Tags: murakami

servido por sansar 8 comentarios compártelo

8 comentarios · Escribe aquí tu comentario

srta desconocida

srta desconocida dijo

dos cositas:

la primera, esta casa tuya está tan cargada de cosas (vease, preview de los enlaces) que cada vez que quiero entrar y comentar tardo un mundoooo... muerte a tanta basurilla virtual!!

la segunda, el post mola, pero ese segundo párrafo... se me ha escapado un ¡ohh! al acabarlo... la escritura nace de la desolación, puff, lo que me ha gustado... leído ese párrafo no se te debería permitir que bajases el nivel ni un pelo...

bicos

18 Marzo 2009 | 09:34 PM

sansar

sansar dijo

cargada? pero si son cuatro chuminadas. Vaaale, ya haré limpieza, pero que conste que estamos en la era del ADSL 3Mb. :-P

nivel? pues habrá sido sin querer. Esquiusmiii.

bicos

18 Marzo 2009 | 10:27 PM

bantabah

bantabah dijo

Me ha encantado esta crónica desde un ex-solar desolado reconvertido en auditorio...de desolaciones

Mil besos, gatito ;)

22 Marzo 2009 | 12:56 PM

sansar

sansar dijo

Es la crónica de un gato que no da cuerda al mundo ;-)
besos

22 Marzo 2009 | 05:04 PM

globos

globos dijo

Tendré que leer algo de este hombre, un total desconocido para mi. Por cierto, un completo acierto eso de que la escritura nace de la desolación. No entiendo otra forma de escribir. No creo que se pueda escribir si no es a partir de dicha desolación. Besos
Por cierto, extraña manera la tuya de querer morir, te quieres poco ¿un macdonalds?? Que asco¡¡¡ XD

23 Marzo 2009 | 09:53 PM

sansar

sansar dijo

Te encantará. Empieza por Tokio Blues o Kafka en la orilla.
Lo de McDonalds ya sé que no tengo perdón, pero desde siempre ha sido una debilidad. Será la salsa que le ponen?

24 Marzo 2009 | 08:24 PM

caramelo

caramelo dijo

leo con atención tu experiencia en la charla de Murakami, te envidio. Pero te leo con más atención porque de pronto me doy cuenta que estás en Barcelona (hace un ratito vi el video sobre Barcelona en 1908) y me pasa que desde octubre que está mi hijas estudiando allá, cualquier relación con la ciudad me atrae más que antes, debe ser porque ella ahora camina sus calles (o las pedalea)...

un abrazo,

5 Abril 2009 | 05:57 AM

sansar

sansar dijo

El encuentro con Murakami es una joyita que guardaré toda la vida.
No sé de donde eres, pero estoy seguro de que tu hija estará disfrutando de sus calles (caminando o pedaleando).
un abrazo.

5 Abril 2009 | 08:24 PM

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Con la llegada, en la segunda década del siglo XX, del comunismo a Mongolia, se suprimieron los apellidos para destruir el sistema de clanes, la aristocracia hereditaria y la estructura de clases del país. Setenta años después, con la caída de los comunistas, esta absurda medida se abolió y una gran mayoría de mongoles tuvieron que elegir un nuevo apellido. Muchos decidieron adoptar "Sansar" que en su idioma significa Cosmos.

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