La Coctelera

Postales desde Mongolia

· Nunca convencerás a un ratón de que un gato negro trae buena suerte ·

13 Marzo 2009

La carretera

 

 

Hacía un buen rato que esperaba en la carretera a que un coche me recogiera. La vida de un mochilero tiene estas cosas. A veces tienes la suerte de que te coja el primero y otras te toca esperar horas y horas. Al final paró un Audi de gama alta. Un A8 gris oscuro nuevecito. El conductor, un hombre de mediana edad con camisa y corbata de marca, bajó la ventanilla del acompañante y, sin preguntarme hacia donde me dirigía, me invitó a subir. Dudé unos instantes. Lo habitual es que me monte en otro tipo de vehículos digamos más populares. Pero como el tipo parecía buena gente, no sospeché nada, metí la mochila en la parte de atrás y me acomodé delante. Nos pusimos a charlar y enseguida nos dimos cuenta de que éramos el reverso del otro. Si yo estaba soltero, él casado y con dos hijos; si él era un directivo de una gran multinacional, yo un aventurero sin oficio ni beneficio; si yo había abandonado la universidad antes de acabar el segundo año, él tenía una colección de másters que cubría una pared entera del despacho; si él no tenía tiempo para casi nada, a mí me sobraba a espuertas; si yo huía, él regresaba...
En estas, paramos en una gasolinera a repostar y con la excusa de que se sentía cansado (me dijo que llevaba desde el día anterior al volante), me preguntó si no me importaría conducir mientras él echaba una cabezadita. Le dije que no había problema, claro. No me dio indicaciones pero, por alguna extraña razón, tomé la carretera con la seguridad de quién sabe hacia dónde dirigirse, aunque el destino sea incierto. Un par de horas y cientos de kilómetros después se despertó y oteando el horizonte me indicó que parara en el siguiente cruce, donde se bajó, cargó con mi mochila y se despidió agradecido sin darme tiempo a reaccionar.
Un tanto perplejo, lo vi haciendo dedo unos metros más allá y luego cómo se subía a una furgoneta vieja camino de no sé dónde. Aún confundido, reanudé la marcha y al poco me llamaron de la oficina para saber si me pasaría, a lo que contesté que no, pues ya se había hecho tarde y había quedado con mi mujer para cenar en un restaurante de moda. Es nuestro décimo aniversario, le dije a mi secretaria antes de colgar y darme cuenta, demasiado tarde, de que la realidad en realidad siempre tiene algo de surrealista.

 

 

Tags: microrrelato

servido por sansar 9 comentarios compártelo

9 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Mariana la Aldeana

Mariana la Aldeana dijo

¡Joder!

Me has sorprendido. Muy bien escrito y mejor resuelto, por no hablar de la idea.

Hace tiempo que no leía un texto tan sugerente. Mi enhorabuena... y quitada de toca, que una sombrero no lleva.

Un beso admirativo.

13 Marzo 2009 | 08:50 PM

flor_deloto

flor_deloto dijo

Feliz Aniversario!
;)
BssKssBss

14 Marzo 2009 | 07:30 PM

sansar

sansar dijo

Mariana, bah, tú que me ves con buenos ojoss. Besos

flor, gracias, jeje. KssBssKss

14 Marzo 2009 | 08:08 PM

encontrada

encontrada dijo

Y mira que pensaba que un sábado por la noche en casa no podía ofrecerme nada agradable. Muy bueno. Menos mal que también es cierto que el surrealismo tiene siempre algo de realidad, porque últimamente estás (agradablemente) muy surrealista. Besos

14 Marzo 2009 | 11:23 PM

micro-latencia

micro-latencia dijo

Vaya, creo que andamos pasando por una etapa de alteregos... me gusta, tal vez uno de estos días yo sea Sansar y tu Micro-latencia... quién sabe tanto.

15 Marzo 2009 | 05:21 AM

murron

murron dijo

esa dualidad del individuo, la otra cara de la misma moneda. Lo que somos y lo que deseamos ser. El lado opuesto del espejo. Ya se sabe, queremos y deseamos lo que no tenemos. Solo me asalta una duda, que pasaría si consiguiesemos eso que deseamos ser con tantas ganas???
Adoro a Cohen. Besos

15 Marzo 2009 | 04:47 PM

mirreya

mirreya dijo

Es buenisimo!!!!me ha encantado, pero despues viene lo malo....o no?quien sabe...

besos, Mireya

16 Marzo 2009 | 04:20 PM

sansar

sansar dijo

encontrada, pues... la verdad, me alegra haber conseguido entretenerte un sábado noche :P besos

micro, umm, dudo mucho que consiga escribir poesía tan bien como lo haces tú.

murron, supongo que desearíamos otras cosas. La vida es deseo, no? besos

mirreya, jaja, eso. Quien sabe... besos

16 Marzo 2009 | 08:59 PM

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Con la llegada, en la segunda década del siglo XX, del comunismo a Mongolia, se suprimieron los apellidos para destruir el sistema de clanes, la aristocracia hereditaria y la estructura de clases del país. Setenta años después, con la caída de los comunistas, esta absurda medida se abolió y una gran mayoría de mongoles tuvieron que elegir un nuevo apellido. Muchos decidieron adoptar "Sansar" que en su idioma significa Cosmos.

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