La Coctelera

Postales desde Mongolia

· Nunca convencerás a un ratón de que un gato negro trae buena suerte ·

19 Enero 2009

La casita de muñecas de porcelana

Desde que, un mes atrás y sin previo aviso, mi mujer me abandonó, la existencia se había convertido poco a poco en un deambular sin sentido, una mera fachada de lo que había sido hasta entonces. No lo comprendía, la verdad. Con lo bien que nos iba todo. Ella con sus cosas, su trabajo, sus hobbies, su amante..., y yo con las mías, por supuesto. Y, lo peor es que se fue sin dejar ni una triste nota de despedida. Aún ahora, después de un mes, todavía oigo su cálida voz pronunciando mi nombre cuando me suelo atusar la camisa frente al espejo del tocador y mientras le echo una mirada fugaz a la casita de muñecas de porcelana que le regalé de nuestro primer viaje a París. En fin. La vida tiene estas cosas y otras peores, ¿no?
El caso es que esta mañana me ha ocurrido algo todavía más insólito, si cabe. Recíen salido de la ducha, al secarme con la toalla, he notado a la altura de la cintura que la piel se cuarteaba como un pergamino viejo. De manera institiva, me he curvado hacia adelante para ver cómo una grieta anatómica que comenzaba por el ombligo, a poco que estiraba, se iba extendiendo en paralelo sin mucho esfuerzo de manera sísmica hacia mis antípodas. Me he asustado, claro. ¿Quién no se asustaría con algo así? Lo extraño del caso es que no sentía dolor alguno. Mi cuerpo se desgarraba en dos pero no notaba nada más que un ligero cosquilleo, como cuando te arrancas un pedazo de piel después de un largo día de playa sin crema protectora. Y, lo más extraordinario del caso es que tampoco sangraba. ¿Estaría soñando? Después de unos momentos de indecisión, he dejado la toalla a un lado y, haciendo cuña con los dedos de las manos, he ido separando despacio mi parte superior de la inferior y, para mi sorpresa, la carne cedía con cierta facilidad pasmosa y al poco he podido confirmar, como nos temíamos, que en el interior abrigamos otras pieles, otros ombligos, otros sujetos en definitiva, idénticos a los que vemos y tocamos cada día pero ligeramente más pequeños, más insignificantes. En ese momento me he acordado de esas muñecas rusas, las matrioskas, que son todas ellas huecas por dentro de tal manera que en su interior albergan una nueva muñeca, y ésta a su vez otra y otra y otra... hasta que al final aparece un ser minúsculo, casi invisible, que es al mismo tiempo, su esencia y su fin. Como el corazón de una manzana.
Sin saber muy bien qué hacer, he recogido el forro de mi cuerpo que yacía flácido y apático en el suelo del baño, como un vulgar traje de neopreno, y me lo he llevado a la habitación donde lo he extendido sobre la cama. Allí estaba lo que había sido yo hasta unos instantes antes: Una mera fachada, sin duda. ¿No somos eso la mayoría del tiempo? Pero, como la visión de mi propia cubierta inanimada me producía escalofríos, he decidido ocultarla en el fondo del armario, que es donde habitan los monstruos propios, colgándola de una percha junto al esmoquin que llevé el día de mi boda. Luego, subido a la cama, me he examinado frente al espejo a fin de comprobar que todo seguía en orden. Es decir, en su sitio, que no es poco. Y seguía, con la única salvedad que todo mi ser había disminuido en la misma proporción que ganaba en profundidad.
Entonces, al mirar con más detalle, he vuelto a ver, vaya por Dios, otra fisura en el ombligo recién estrenado. Presionando de nuevo, un instante después, tenía otra cubierta de mi ser desparramada sobre la cama e igual de fofa e inexpresiva que la anterior.
Lo que me faltaba, he pensado. Primero me deja mi mujer y ahora resulta que me pelo como una cebolla.
Pero, como tampoco tenía nada mejor qué hacer (era domingo, cuando solíamos salir juntos a pasear de la mano por el barrio), he vuelto a estirar del ombligo y al otro poco tenía otra funda orgánica junto a la anterior. Y ya iban tres. Al cabo de media hora eran veinticuatro las envolturas y mi tamaño era el de un dedal casi microscópico. Con tanto trajín de pieles me ha entrado mucha hambre (un hambre atroz dentro de la minusculosidad que era, pero hambre al fin y al cabo). Así que he descendido en tobogán por un trozo de sábana que llegaba hasta el suelo y, como si fuera Marco Polo camino de la China, he emprendido la travesía a la cocina, aunque no he llegado a salir de la habitación. Una voz familiar, proveniente de las alturas de la casita de muñecas de porcelana me ha hecho ver, ¿así que era eso, cariño?, que la distancia más corta entre dos puntos es un atajo.

Tags: microrrelato

servido por sansar 21 comentarios compártelo

21 comentarios · Escribe aquí tu comentario

LIBERTAD VIDA Y MUERTE

LIBERTAD VIDA Y MUERTE dijo

en situaciones así la paciencia es un mero pasatiempo y la distracción lo único que nos queda.

19 Enero 2009 | 08:05 PM

sansar

sansar dijo

puestos a distraernos, qué mejor que macerar la paciencia con una pizca de esperanza.

19 Enero 2009 | 08:33 PM

srta desconocida

srta desconocida dijo

Las muñecas de porcelana me dan mucho miedo y las casitas de muñecas de porcelama más todavía.
Y eso es todo cuanto tengo que decir al respecto.

19 Enero 2009 | 09:47 PM

Mariana la aldeana

Mariana la aldeana dijo

Joe, con lo inofensivas que creía a las casas de muñecas.

Estoy con Srta desconocida en cuanto al miedo que le dan las muñecas de porcelana.

Buen relato, he disfrutado leyéndolo.

Un beso.

19 Enero 2009 | 09:54 PM

cardiax

cardiax dijo

y siempre siempre, terminarán por romperse... o se subastarán en Christie´s en unos siglos...

Por lo que toca a la fachada, vaya que dá lata, se vuelve protagonista a pesar del alma...

Apapachos gatito, disculpa mis retazos de pensamiento, me encató tu post.

20 Enero 2009 | 12:08 AM

mirreya

mirreya dijo

Una manera distinta de ver las cosas verdad? por lo menos ha sido muy entretenida....a mi tampoco me gustan las muñecas de porcelana, quema la casita con todas ellas dentro, ya veras como te sientes mejor...je je je.
Y ten cuidado, con las pieles, no las vayas a ir dejando por ahi tiradas....

Un besito guapo, Mireya.

20 Enero 2009 | 10:24 AM

sansar

sansar dijo

sita, pues vaya. Yo que tenía pensado regalarte una... :-P

Mariana, sí, sí, inofensivas... bss

cardiax, mal que nos pese, la fachada tiene mucha tirada en general. bss

Mireya, les estoy cogiendo manía a las dichosas muñecas :-D bss

20 Enero 2009 | 01:26 PM

bantabah

bantabah dijo

Llegar a la esencia no es nada fácil...las "24 cáscaras" lo demuestran.

Fantástico relato, besos gatito.

20 Enero 2009 | 09:43 PM

sansar

sansar dijo

a veces una vida no basta.
besos

20 Enero 2009 | 10:28 PM

Syberia

Syberia dijo

Tengo escalofrios. Me dan miedo las muñecas, los maniquies,las figuras religiosas. Cada uno sus fobias, que pasa.
Todos tenemos capas y capas de cebolla, envuelven, protegen. Estupendo relato Sansar.

La canción maravillosa, y no la interpreta una muñeca precisamente.

Saludos

23 Enero 2009 | 07:25 PM

sansar

sansar dijo

sí, protegen... pero también aíslan.
bienvenida a mongolia.
slds

24 Enero 2009 | 04:42 PM

Syberia

Syberia dijo

Te he contestado en mi blog pero te dejo aquí la información también.

Sinué el Egipcio se publicó en 1945

El Médico se publicó en 1986

Saludos y hasta el próximo post

24 Enero 2009 | 06:11 PM

sansar

sansar dijo

pues, vaya... después de ésto sólo me queda que darle un estirón de orejas a mis perjuicios. Y a mi ignorancia.
Gracias por la info.
slds

24 Enero 2009 | 08:22 PM

cambio-cuentos-por-globos

cambio-cuentos-por-globos dijo

Y tanto despellejar cebollas no le hizo llorar?? A mi ultimamente es lo único que me arranca las lágrimas, las cebollas. (Bueno y cierto duendecillo esmeralda al que observo embelesada mientras crece demasiado deprisa sin que yo pueda hacer nada para evitarlo). Yo soy una gran matrioska de esas, estoy segura, pero ni se me ocurre abrirme para ver que hay dentro. Estoy segura de que es mucho mejor para mi supervivencia dejar a mis matrioskas y matrioskillas bien ocultas, una dentro de las otras. No vaya a ser que a algún animal le de por destrozar a la más pequeña de un buen pisotón. Besos

26 Enero 2009 | 05:17 PM

sansar

sansar dijo

los duendecillos es lo que tienen... yo, los míos, el mayor ya casi me sobrepasa y eso que sólo tiene 13 años (y que conste que no soy bajito).
besos, guapísima.

26 Enero 2009 | 07:23 PM

flor_deloto

flor_deloto dijo

Las muñecas de porcelana no deberían existir, se instalan en sus casitas de porcelana brillante y blanca y se meten en la vida de todo el mundo. No me gustan, las únicas muñecas que me gustan son las de trapo con trenzas. Esas son auténticas, y como son grandes no caben en ninguna casita de porcelana. Mejor.Y quitarse la piel tiene su gracia, abandonar la identidad no, y juntar facahadas varias sobre la cama debe ser agotador, gato.
Muy buen relato, agradezco que te volvieran a dar ganas de escribir.
BssKssBss

27 Enero 2009 | 06:48 AM

sansar

sansar dijo

creo que voy a revisar el relato y cambiar la casita de muñecas de porcelana por, por... ¿alguien me ayuda? :-D
KssBssKss

27 Enero 2009 | 08:16 PM

Alicia

Alicia dijo

pues por algo asi como una casita de muñecas??? sin necesidad de que las muñecas sean de porcelana????? yo, y mi lógica, ;-)

petonets

28 Enero 2009 | 10:26 AM

sansar

sansar dijo

joer, estoy tonnnto.
asias
petonet

28 Enero 2009 | 06:34 PM

priscilla

priscilla dijo

Los comentarios que he visto me paresen un poquito bobos y me disculpan de ante mano
desde hace mucho tiempo colecciono muñecas de porcelana son obras de arte que de notan clase y refleja una historia en cada rostro ,una epoca y moda en cada hilo que forma un vestido.
de verian verlas como un fragmento de tiempos antiguos que aun sobrevivio en pleno 2009.
en resumen son muy valiosas, unicas son joyas en manos de muy pocos cuando las miren en un rincon votadas no olviden que algun dia seremos todos una antiguedad un siglo pasada, seremos aquella civilizacion que forjo las otras.

14 Mayo 2009 | 05:14 AM

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de sansar

Postales desde Mongolia

ver perfil »
contacto »
Con la llegada, en la segunda década del siglo XX, del comunismo a Mongolia, se suprimieron los apellidos para destruir el sistema de clanes, la aristocracia hereditaria y la estructura de clases del país. Setenta años después, con la caída de los comunistas, esta absurda medida se abolió y una gran mayoría de mongoles tuvieron que elegir un nuevo apellido. Muchos decidieron adoptar "Sansar" que en su idioma significa Cosmos.

     Subscribe in a reader

    www.flickr.com
    This is a Flickr badge showing photos in a set called París. Make your own badge here.
    Creative Commons License
     Bitacoras.com

Fotos

sansar todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Amigos

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera