D'un any 8 a un any 9
Es el eslogan que TV3, la televisión de aquí, ha inventado para el traspaso de año. Literalmente quiere decir "de un año ocho a un año nueve" pero jugando con los dobles significados fonéticos queda como "de un año vacío (vuit/buit) a un año nuevo (nou)". Me imagino que los tiros van por lo de la crisis (o la financiación autonómica, vete a saber) porque, de otra forma, pienso que este año en cuanto a sucesos ha sido de todo menos vacío.
Pero como para resúmenes del mundo mundial ya están los medios de comunicación, este post va del año 2.008 aquí, en Mongolia que también ha sido de todo menos vacío. Ya adelanto que es un post pastel-ombliguista. Al que se aburra (que, en estos casos, es lo normal), le recomiendo que pase de seguir leyendo, vaya al final y disfrute de la música de Patty Griffin.
Empecé el año con una especie de agradecimiento a los que, en unos meses anteriores muy difíciles, formaron mi particular 'Silver Lining'. Si bien este año no ha sido tan duro (al menos, para mí), he vuelto a tener la buena fortuna de contar con una buena consejera, algo lerda, en momentos críticos.
El primer semestre estuvo salpicado de microrrelatos que escribía para el concurso de la Cadena Ser. Aunque, para ser sincero, lo del concurso era lo de menos. Disfruté como nunca inventando, desde una primera frase ya hecha, relatos de cien palabras. Como también lo hacía con los demás cuentos que escribí como deberes del taller de escritura al que, por aquellos días, asistía. Ahora, releyéndolos para escribir este post, les veo muchos defectos, demasiados. Pero me queda la satisfacción infantil de ver publicados tres de ellos en un libro recopilatorio de relatos de una editorial de Barcelona.
En febrero descubrí un pasaje inolvidable de Cortázar, que la vida puede estar llena de cruces y que escoger una dirección, a veces, no es una cuestión de elegir el golpe perfecto, sino de que te elija él a ti. Casi nada, ¿no?
En marzo fuimos al teatro a ver el mejor musical que he visto en mi vida (he visto dos. Bueno, vale, tres). Eso sí, nunca unas letras de canciones habían significado tanto.
Con abril empezó la sequía bloguera, entre otras cosas, porque estaba en medio de unas oposiciones que tuve la suerte (es un poco lotería, todo hay que decirlo) de aprobar en verano. Una metamorfosis que hizo que me despidiera de mi trabajo de toda la vida. Algo que no echo de menos, la verdad.
Desde entonces, he tenido alguna buena noche imaginaria, he convertido en relato un suceso real y otro irreal, me he dado cuenta de que las pequeñas historias de amor suceden en las ciudades invisibles, que las certezas son tan poderosas como los instantes y que, con el paso del tiempo, te acabas dando cuenta del valor de las cosas importantes.
Y, ya para acabar el año..., dicen que cuando un sueño se cumple, un pequeño duende esboza una sonrisa.
Os deseo que el 2009 sea el tiempo en que vuestro duende aprenda a sonreír. Y si no sonríe con su tierna carita, no dudéis en darle unas buenas hostias en los morros y retorcerle los cojones hasta que sonría el hijo de la gran puta, que al fin y al cabo es el único favor de mierda que le pedimos en todo el puto año.
Feliç any 9 a tots!!






unsolete dijo
Pues si hay que hacerle eso al duende, que se lo hubiera pensado antes, tampoco cuesta tanto sonreír, jo!
Mucho tiempo sin saber de ti, me alegro de verte!!! Feliz año, y años!!! Mua!
1 Enero 2009 | 12:55 AM