La Coctelera

Postales desde Mongolia

· Nunca convencerás a un ratón de que un gato negro trae buena suerte ·

27 Mayo 2008

Metamorfosis

Llevaba un par de días sintiéndome extraño, es decir, más extraño de lo que suele ser habitual en mí, que de por sí no es poco. La cabeza (o, mejor dicho, el entendimiento) se enturbiaba durante unos cuantos segundos, como cuando agitas un palo en el fondo fangoso de un riachuelo y pierdes la visibilidad cristalina del agua. En este caso, era como si una mano imaginaria agitara los pensamientos en el fondo de mi cerebro haciendo que la realidad se deshilachara intensamente durante esos breves instantes.

Alguien, en un momento dado, me dijo que me brillaban los ojos y sonreí estúpidamente pensando que era un halago hasta que enseguida me di cuenta de que era la fiebre que recién acababa de instalarse a lo largo de mi cuerpo. Me palpé la frente, pero curiosamente la noté fría y también mojada, como la mano palpadora. De la frente bajé hacia el cuello y descubrí con cierta angustia hipocondríaca que estaba hinchado y me dolía.

Así que, al llegar a casa abrí el armario de los trastos inútiles y saqué la linterna con la que, frente al espejo del baño, estuve explorando el fondo de mi boca como un espeleólogo hace con una gruta recién descubierta. No encontré murciélagos gigantes, la verdad, pero sí dos placas de pus, colgadas a lado y lado de mi cueva bucal, con los colmillos blancos asomados por la pared sanguinolenta en la que se había convertido mi garganta.

Tenía anginas, como cuando era niño, ¡yupi!, y me metí en la cama con un buen libro y pañuelos de papel a pasar el trance lo más cómodo posible. Por aquel entonces (en la infancia), tener anginas era sinónimo de crecimiento. Era lo primero que los adultos te decían: "¡Menudo estirón vas a pegar, chaval!". Y lo proclamaban con el mismo orgullo que pienso deben sentir los indígenas de las tribus amazónicas cuando sus hijos realizan el ritual del paso de la niñez a la adultez, cazando algún animal salvaje. En mi caso, a falta de animales, debía conformarme con un virus, aunque también salvaje.

En aquellos tiempos, me instalaban en la habitación grande de mis padres, imagino que para que el cuerpo tuviera más espacio para expandirse, como si la cama de matrimonio fuera un artefacto de un científico loco con propiedades asombrosas. Aunque, bien pensado, algo de mágica sí debía ser, ya que era donde (se decía a sotto voce) te fabricaban. El caso es que, envuelto en esas sábanas heladas que me eran ajenas, mi cuerpo se recogía en una pupa y durante una semana de sudores fríos y sueños psicodélicos, la realidad se transformaba en un estado entre líquido y gaseoso, como los vahos de eucalipto que mi madre me preparaba.

La fiebre, los antibióticos y las aspirinas con limón y azúcar producían el mismo efecto que el de la mejor María. Recuerdo que, al quedarme sólo en casa mientras los demás hacían vida normal (o eso creían), las formas de los muebles y sus ruidos adquirían un lenguaje propio como una sinfonía misteriosa y, acompasados a modo de diapasón por el tic-tac del reloj de pared, mecían mis sentidos en un duermevela del que no quería marcharme nunca. Ni despertarme ni dormirme, sino quedarme en ese estado suspensivo el resto de la vida.

Pero los días pasaban, los mimos de mamá y las medicinas hacían su trabajo y la fiebre, con la guerra ya ganada, se retiraba como las olas cuando la marea viene baja, dejando un rastro de conchas vacías como cadáveres de una guerra microscópica. Era entonces cuando me levantaba pálido como un lázaro resucitado y con los pies descalzos vagaba, casi levitando, por las estancias y me daba cuenta de que mi pijama, en efecto, se había quedado chico.

Como ahora con la realidad.

Tags: microrrelato

servido por sansar 23 comentarios compártelo

23 comentarios · Escribe aquí tu comentario

unaovarios

unaovarios dijo

Spero che si inserisce bene ... presto, e anche molto meglio di un po 'meglio ... Un abbraccio

27 Mayo 2008 | 01:32 PM

sansar

sansar dijo

jaja, grazie bella!

27 Mayo 2008 | 02:05 PM

supermami

supermami dijo

A ver pero has crecido??? la realidad es lo que tiene , que hay momentos que te queda grande, otras te queda chica, y algunas veces hasta te queda a medida
Cuídate
petonets

27 Mayo 2008 | 04:49 PM

encontrada

encontrada dijo

Bonito post. Qué difícil ser bonito a pesar de la pus. Qué difícil crecer estando en cama. Qué fácil leerte.
Y un abrazo

27 Mayo 2008 | 04:59 PM

sansar

sansar dijo

Alicia, tendré que medirme, tendré que medirla (la realidad, digo). bss

encontrada, otro abrazo y gracias!, me alegra que te guste (a pesar de la pus, jeje).

27 Mayo 2008 | 06:33 PM

srta desconocida

srta desconocida dijo

yo tengo tijeras, son de punta redonda, pero igualmente sirven para recortar la realidad por donde quieras. Después ya te pasaré el hilo y aguja para coser los retales y que te quede a la medida deseada.

Es una simple tarea de costura. :)

bicos

27 Mayo 2008 | 07:02 PM

flor_deloto

flor_deloto dijo

Yo no sé sin con los tiempos que cambian tanto también cambian las enfermedades. A mí siempre me daba angina de chica, me la pasaba con angina y recuerdo perfectamente todo lo que describes, jajaja, hasta también de haber pasado la convalescencia en la "cama grande". A mi hijo no le ha dado la primera, eso sí, siempre que le dá algo fuerte es "cuasi neumonía", con toses perrunas de semanas, antibióticos de última generación y nada de cama, jeje, ni suelta el celular, ni el chat , ni el laptop ni el PC [ claro, que no va al cole, jejeje, ni más faltaaaaaaaaba, pobre, no? ] En fin, cómo será una realidad con neumonía? uf, no quiero que me "tosa" mi realidad, ni cerquita ni lejos!
BssKssBss.

27 Mayo 2008 | 07:44 PM

sansar

sansar dijo

sita, los de punta redonda son las mejores. Por mucho que cortes, nunca te haces daño ;-)
besos.

flor, es que antes sólo teníamos tebeos para entretenernos y ahora... uff!
Una realidad con neumonía? Seguro que Bush sabría responderte, jaja. BssKssBss

pepe, otro abrazo.

27 Mayo 2008 | 09:18 PM

Danibegood

Danibegood dijo

Hola......de nuevo!
Bueno,yo no pasé las anginas.Una lástima,porque los efectos que describes son la leche.
Quizás por eso ,por no haber disfrutado de esos efectos,me sigue valiendo el mismo pijama de hace años.........

Un abrazo

27 Mayo 2008 | 11:16 PM

Pelusa

Pelusa dijo

Sansar,
gracias por tu comentario y tu re bienvenida
me gusta tu blog, espectacular tu postal de Mongolia y tu artículo sobre lo que significa Sansar...no tenía idea...me abres a nuevos mundos...GRACIAS!
Pelusa

28 Mayo 2008 | 06:36 AM

sansar

sansar dijo

Dani, Hola de nuevo a ti también, jeje. En cuanto al pijama... mira, todo eso que te ahorras, no? :D un abrazo.

Pelusa, Bien mirado, en cierta manera, cada cual tiene su propio mundo (o microcosmos) que muestra en cada blog. Me alegró conocer el tuyo. bss

28 Mayo 2008 | 10:07 AM

salustiana

salustiana dijo

pues yo no sabría decir si la realidad se me ha vuelto microscopica o por el contrario se me ha hecho tan inmensa que me he perdido en ella. Por eso procuro construirme una a mi medida. Una realidad irreal en la que esconderme y campar a mis anchas. Joder¡ que complicado es vivir¡¡ Besos y bienvenido

28 Mayo 2008 | 11:56 AM

sansar

sansar dijo

me parece a mí que todo es relativo, incluso la dimensión de la propia realidad (esta frase ha sido patrocinada por la amoxicilina). bss

28 Mayo 2008 | 01:33 PM

bantabah

bantabah dijo

Hola gatito (porque sigues siendo gatito no? o esa metamorfosis ha sido sustancial?). Mi agradecimiento a tus últimos patrocinadores por poderte leer en directo de nuevo ;)

Besos

28 Mayo 2008 | 05:01 PM

cachog

cachog dijo

Es el segundo comentario que escribo. El primero se borrò "màgicamente". Decìa algo asì:
Es un placer leerte amigo. Pareciera que las anginas han potenciado tu calidad narrativa.
Sin embargo sugiero tomes algùn antibiòtico y cuides esa garganta, para poder volver a la realidad de la mejor manera posible.
Un abrazo.

28 Mayo 2008 | 05:57 PM

sansar

sansar dijo

banta, miauu! sí, creo que sigo siendo un gatito. Me alegra estar de vuelta y comprobar que seguís ahí :) besos.

cachog, la fiebre, la fiebre es la causante de estos relatos alucinatórios, jeje. un abrazo.

28 Mayo 2008 | 06:45 PM

extaria

extaria dijo

En mi blog hay algo para ti

1 Junio 2008 | 04:10 PM

mgm

mgm dijo

Un post muy bonito y la canción también.
La realidad...como me gusta dejarla plantada en cualquier esquina y largarme con mi imaginación, ella si que me cae bien, nos entendemos.
Espero que ya no tengas esos grandes bultos en la garganta que no le dejan a uno casi ni tragar. Un besazo.

2 Junio 2008 | 10:27 PM

Crazy Mary

Crazy Mary dijo

Sansar...y digo yo...¿no será que ahora, lo que te ha crecido es el cerebro???...NO...no digo la cabeza, digo el cerebreo ;-D...
Fuera de broma, espero que estés mejor.
Muchos besos

3 Junio 2008 | 11:44 AM

angelsinalas

angelsinalas dijo

Espero que ya te encuentres mejor y la fiebre haya pasado. Pero te has preguntado si el pijama se ha quedado pequeño porque se haya metido en la secadora???? , jejeje....es una posibilidad....

Muchos besos.

6 Junio 2008 | 01:07 PM

sansar

sansar dijo

extaria, gracias otra vez :-)

mgm, las anginas hace días que me abandonaron. La realidad, en cambio, me sigue a todas partes, jeje. bss

Crazy, puesss... ahora que lo dices, creo que se me ha duplicado el nº de neuronas. Ahora debo tener dos :D :D besos

angelsinalas, jaja, tendré que preguntárselo a la secadora. besos

6 Junio 2008 | 06:32 PM

kilometro1

kilometro1 dijo

¡que bonito sansar! siempre con con mimitos se consigue todo hasta crecer, Y si además escuchas la canción de Chicago... y no la conocía.

8 Junio 2008 | 11:52 PM

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Con la llegada, en la segunda década del siglo XX, del comunismo a Mongolia, se suprimieron los apellidos para destruir el sistema de clanes, la aristocracia hereditaria y la estructura de clases del país. Setenta años después, con la caída de los comunistas, esta absurda medida se abolió y una gran mayoría de mongoles tuvieron que elegir un nuevo apellido. Muchos decidieron adoptar "Sansar" que en su idioma significa Cosmos.

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