Carpe diem
Tengo un acuario de unos 100 litros en el comedor. Me lo regaló mi mujer, no recuerdo si para el 2º o el 3er aniversario. Todavía retengo, como si fuera una postal, la imagen de ella con Àlex en brazos cantándome "felicitats!" mientras me mostraba el acuario, sin agua aunque decorado con peces de papel que colgaban de hilos de coser de diferentes colores. Y a mi hijo con la mirada estrábica (que todos los bebés tienen), alargando la manita para atrapar los pececillos y llevárselos a la boca.
Cuando lo instalé en casa, con su arena granulada, sus plantas naturales, su tronco y un barco de plástico que simulaba un galeón hundido, alguien (no recuerdo quién) me dijo que tener peces en casa traía mala suerte.
No le hice caso. Hace tiempo que no creo en las supersticiones, entre otras cosas, porque se dice que trae mala suerte.
Compré una treintena de ejemplares de diferentes especies y cada tarde solía sentarme un rato en el suelo delante del acuario para observar cómo iban de un lado a otro de manera desordenada. Me relajaba. Una vez leí que la cabeza es la pecera de las ideas y, por aquel entonces, mi cabeza estaba a rebosar de ideas (de ideales, de creencias) que se movían por mi pensamiento con la rapidez y la determinación de quien todavía no ha descubierto que las ideas, como los peces, son caníbales y que, cuando se apaga la luz (tanto del acuario como de nuestra cabeza) se persiguen unos a otros hasta devorarse.
Algunas mañanas, al hacer el recuento, mientras les ponía comida, echaba en falta algún pez (alguna idea) pero, como había muchos (o muchas), no me preocupaba demasiado.
Esta mañana, en cambio, he visto que ya sólo quedaban dos: un pez negro con forma de tiburón y aleta roja y un limpia, uno de esos peces gato que se dedican, como los vagabundos en un container, a comer los desperdicios de los demás. La diferencia es que hoy, el limpia tenía un color blanquecino y no se movía de su rincón.
Después de envolverlo en papel de cocina y enterrarlo en el cubo de lo orgánico, me he dado cuenta de que en el acuario ya sólo queda un pez. Igual que en mi cabeza que, después de tantos años, ya sólo me queda una idea.
(La parte positiva es que, tanto uno como otro, podrán nadar a sus anchas.)











encontrada dijo
Un post muy bueno, quizás un poco triste, pero muy realista.
En mi pecera hay dos peces desde hace siete años. Siempre ha habido dos, aunque por ella calculo que han pasado unos veinte. Pero un pez no debe estar sólo, se morirá de aburrimiento y de pena. Lo mismo que las ideas.
Un saludo
8 Abril 2008 | 08:21