John Wayne Gacy Jr.
Esta Semana Santa me llevé al camping el álbum Illinois de Sufjan Stevens. De Illinois sabía que es uno de los Estados de los Unidos, que su capital tiene el mismo nombre que el pueblo de Los Simpson y, la verdad, poco más. Es decir, poco más o menos el mismo nivel de conocimiento que deben tener los illinoisianos sobre Cataluña, ¿para qué engañarse? Del cantante, Sufjan Stevens, menos que nada, es decir, cero patatero, como diría aquel cómico que llegó a presidente y se pensó que la guerra era como los chistes de Gila. Pues eso, que no conocía al cantante y resulta, fíjate tú, que lleva diez años dándole al banjo (entre otros instrumentos). Rápidamente hice lo que solemos hacer casi todos los internautas españoles: bajarnos su discografía por la mula. Y el álbum, Illinois, me lo llevé para escucharlo con tranquilidad en el camping mientras leía Nocilla Dream. Había oído no sé donde que su autor, Agustín Fernández Mallo, lo había reseñado en su segundo libro, Nocilla Project, y, como tenía a medias el primero, pensé que sería un buen complemento para su lectura.
Del libro, Nocilla Dream (el de Project todavía no lo he podido comprar), sólo diré que es una concatenación de relatos, pensamientos, citas y anécdotas tejidas (para mi gusto, muy bien) alrededor de una imagen: un álamo entre las ciudades de Carson City y Ely, en Nevada, de cuyas ramas cuelgan cientos de pares de zapatos, botas, zapatillas de deporte... Algunos críticos (por suerte, yo no lo soy) han definido el libro de Fernández Mallo como rupturista dentro de la narrativa española del nuevo siglo, llamado a convertirse en el nuevo icono de la cultura indie. Otros, simplemente dicen que es una tontería. [Estas dos críticas, entre otras, el autor las incluye en el capítulo 107].
Pero de lo que tenía pensado hablar (fíjate tú, otra vez) era del corte 4 del álbum de Stevens. Una canción estupenda ella, titulada John Wayne Gacy Jr. La escuchas (abajo he puesto el yutú) y te dan unas ganas locas de hacer el amor con la parienta (o con el maromo o contigo mismo, sea el caso). Y, ¿por qué? diréis (o no, que también puede ser). Pues, además de por su melodía, su guitarra, su piano y la voz sedosa de Stevens, pues porque no tengo pajolera idea de inglés. Las cosas como son. De lo contrario, habría entendido la letra, que trata de un tío que aunque tenía nombre de actor de pelis de vaqueros, su hobby, allá los años setenta, era secuestrar, violar y matar a chavales. Una treintena se cepilló y luego enterró en su jardín. El Payaso Asesino, le llamaban. En fin. Mientras escuchaba la canción en la playa, se me ocurrió que podría hacer un relato en primera persona para acompañar al yutú pero, cuando he llegado a casa esta tarde, me he dado cuenta de que lo de payaso se me da bastante bien, pero lo de asesino en serie, como que no.
Así que, ya sin más preámbulo, os dejo con la cancioncita y aprovecho para recordaros que, si os gusta Stevens, a la derecha hay un reproductor de música con más canciones de él.






lascosasdepepe dijo
estupendo post, un abrazo amigo, es un placer siempre leerte.
24 Marzo 2008 | 01:31 PM