Fuckowski
Hoy va de recomendaciones.
Hace tiempo que había oído hablar de Fuckowski (alter ego de Alfredo de Hoces) pero no ha sido hasta hace unos días que me decidí a leer sus "Memorias de un ingeniero", ganador del premio novela 2.005 "Yo escribo.com ".

El libro se compone de once relatos autobiográficos, recopilados de los inicios de su propio blog , en los cuales destripa con humor y pinceladas reflexivo-filosóficas la vida de un currante de la informática. Aunque cuando uno los lee, se da cuenta de que de lo que realmente habla es de la vida, de nosotros, de nuestros sueños... con un lenguaje sencillo y alguna que otra licencia poética, que lo ha convertido en todo un "clásico de la blogosfera".
De verdad, si queréis pasar un buen rato, no os lo perdáis. En su blog está disponible en descarga gratuita (aunque también se puede comprar en formato libro).
Aquí dejo un apunte (la rata es un compañero de trabajo).
Yo le llamaba la rata por dos razones. Una, por su nariz respingona y esos dos dientes de roedor sobresaliendo de su insufrible sonrisa. La otra, por su actitud. Era de esos que, en el retorcido laberinto de la sociedad de consumo, vivían tan a gusto en algún agujero infecto que decoraban con pedacitos de sus propios excrementos, y cada día a la misma hora salían a buscar desperdicios, los clasificaban y ordenaban meticulosamente, y los atesoraban en sus oscuras madrigueras.
Había muchas personas rata. A la mínima oportunidad aprovechaban para contarte con todo detalle cómo ellos siempre eran los primeros en encontrar desperdicios, cómo se quedaban con los mejores pedazos, cómo se sabían cada atajo y cada resquicio del sistema. También acostumbraban a hablar largo y tendido sobre su museo de excrementos. Parecían felices.
Las ratas subsistían bien en el laberinto, estaba hecho a su medida. El problema era que no podían elevar su cabeza sobre él, sólo podían verlo desde dentro. Era su mundo. Yo no tenía alma de rata, tenía alma de pájaro. De pájaro triste de alas desperdiciadas. El sistema siempre me había producido claustrofobia; iba a echar a volar a la primera oportunidad que tuviese. Lejos, bien lejos. Ya había dado algún que otro vuelo y había podido contemplar el laberinto desde arriba. No era más que una caja negra poblada por una colonia de ratas, que consumía recursos y acumulaba mierda. Una caja negra destructiva y contaminante, que hacía rico a algún hijo de puta que vivía lejos de ella. Y encima, por si las ratas se le cabreaban, les había escrito un libro explicándoles que protestar es de idiotas infelices, que lo inteligente es callarse y seguir buscando desperdicios. La biblia de la rata feliz.
¿Quién se ha llevado mi queso? Fácil. Un hijoputa retorcido. Pero de esto no se podía hablar con las ratas. La luz les hacía daño.





bantabah dijo
Qué buena pinta tiene ese texto!! Algo ya he leído (el encuentro con Pijosky jeje). "Protestar es de idiotas infelices"...qué bueno. Gracias por recomendación...oído cocina.
Buenas noches sansar...hoy, un beso "pájaro" ;)
21 Enero 2008 | 11:18 PM