Guía responsable para regalar un abuelo de compañía
Ahora que faltan pocos días para que lleguen los Reyes Magos, con sus alforjas rebosantes de regalos, es un buen momento para hablar acerca de los abuelos… como obsequio real.
Vaya por delante que un abuelo de compañía siempre es un regalo que luce: son relativamente baratos de adquirir y hacen feliz a casi todos, en especial a los niños; pero es interesante no olvidar que todo abuelo conlleva una serie de responsabilidades y obligaciones que no todos podemos (o queremos) asumir. Es por todo ello, oye, que, con la modestia que siempre me ha caracterizado, he querido redactar una pequeña guía sin mayor pretensión que la de serviros de utilidad por si tenéis pensado adquirir uno para estas fechas tan señaladas. Algo que, por otro lado, suele ser bastante habitual.
Comencemos...
Lo primero que deberíamos preguntarnos es si, de verdad, queremos tener un abuelo o es un simple capricho pasajero. Puede parecer una pregunta baladí (¡toma palabro!) pero es importante hacérnosla y respondérnosla con total sinceridad. Ya que existen rigurosos estudios científicos que demuestran que el mero hecho de formular esta sencilla pregunta (y responder con honestidad, claro) nos ahorraría el 87,6% de abandonos de abuelos que se producen en los seis meses posteriores a su adquisición que, no por casualidad, suele coincidir con el período vacacional de verano. Este año, sin ir más lejos, llevamos abandonados sólo en España ¡98.003 abuelos! Cifras escalofriantes, ¿verdad?
Y, es que debemos ser conscientes que tener un abuelo no es sólo juego, cariño, o defensa. Aunque al principio pueda parecerlo, porque dormitan la mayoría del día en una silla de ruedas o en un sillón casi sin molestar, no son tan sencillos de mantener. Además, recordad que por ley tenemos la obligación de proporcionarles un sitio digno para vivir, alimentación adecuada y atención sanitaria (recetas a tutipén, audífonos, dentaduras postizas, bragueros, fajas, bastones...).
En todo caso, una vez hayamos tomado la decisión, surgirán nuevas cuestiones. ¿Qué abuelo quiero tener en casa? La elección es difícil, dado lo amplia que es la oferta. Hay abuelos de compañía para todos los gustos, grandes, pequeños, unos dan mucho trabajo, otros casi sobreviven solos, los hay cascarrabias, algunos salen besucones, sobones o las dos cosas a la vez... En fin.
Sigamos...
Lo siguiente a plantearse es ¿cuánto tiempo dispongo para dedicarle? ¿Dos horas al día, tres a la semana...? Otra cuestión (importante también) es decidir el sexo. Aunque no hay mucha diferencia, si queremos evitarnos ciertos problemas es mejor esterilizarlos de principio. En caso contrario si nos quedamos con una abuela, hay que tener presente que suelen tener dos celos al año, que duran aproximadamente quince días, coincidiendo con los viajes del Imserso, durante los cuales (no hace falta decirlo) deberemos extremar el cuidado. Aparte de ese tiempo, el resto del año suelen comportarse tranquilamente con el sexo opuesto. De todas formas, se considera que son más dóciles y cariñosas, pero no parece que esto esté demostrado científicamente.
Si nos decidimos por un abuelo, es bueno saber que no acostumbran a dar excesiva guerra, a no ser que haya una abuela en celo, o que simplemente les guste más, o que sean individuos más "activos" de lo normal. Eso sí, son algo más dominantes que las abuelas, y algunos son peleones con otros abuelos. También suelen ser un poco más grandes de tamaño, aunque esa diferencia a menudo es inapreciable. Y (un dato también a tener en cuenta), a diferencia de ellas, los abuelos tienen una esperanza de vida mucho más corta. ¿Por qué? Ni idea.
Pero, volviendo al tema de la esterilización, es conveniente plantearla ya que aunque es un tema sujeto a muchos tabúes, el autor (o sea yo mismo) considera que es necesaria no sólo para mejorar la convivencia si no que es una medida fundamental para controlar la población de abuelos de nuestro país. Como decía al principio de esta guía, son miles los abuelos que cada año acaban abandonados en las salas de Urgencias, en asilos o son eutanasiados. Por lo tanto, la mejor forma de evitar esto es esterilizándolos.
Una vez decidido lo anterior, viene la duda de dónde adquirirlo: ¿en una tienda especializada o en un asilo? Yo digo que cualquiera de las dos opciones es buena. Tanto una como otra tiene sus ventajas y sus inconvenientes. En una tienda, la calidad siempre estará asegurada, aparte de que llevan chip de serie y garantía de dos años. En contra, el precio, claro. Un briconsejo: no compréis rarezas tipo: abuelo de las nieves, yayo spaniel o mastín geriátrico. Son mucho más delicados en cuanto a su cuidado.
Tampoco os fiéis de las ofertas, porque podrían ser imitaciones chinas. En estos casos, la mejor prueba para comprobar que son auténticos (y de buena calidad) es olerlos. Si huelen a naftalina es que son auténticos. Otra prueba consistiría en hacerles hablar hasta que suelten frases del tipo: "¡Como se nota que no has pasado una guerra!". ¡Ahí, ahí tenemos un abuelo 100% genuino!
Si por contra decidís adoptarlo de un asilo, sabed que son más propensos a tener problemas de salud y un gran número muere de melancolía si se les deja solos mucho tiempo. La parte positiva es que son más cariñosos que los otros, ya que casi todos sufren (o han sufrido) síndrome postraumático por abandono y, eso, les hace ser más receptivos y autosuficientes. También son más baratos ya que sólo nos tocará pagar las tasas del asilo y el chip. Personalmente es la opción que más recomiendo, adoptar. Buscad, buscad, seguro que encontráis un asilo cerca de casa que, hasta ese momento, ni os habíais dado cuenta de que existía.
Bueno..., espero que todo esto os haya sido de utilidad y que, si al final os decidís por uno, lo disfrutéis tanto como llegué yo a disfrutar de los míos (que, para mi desgracia, fue por poco tiempo ya que fallecieron muy jóvenes, cuando mis padres ni siquiera habían nacido).
Y, recordad: cuando llegue el verano, no los abandonéis en cualquier sala de Urgencias. Pensad que enseguida se desorientan, empiezan a vagar por los pasillos y es muy frecuente que acaben siendo atropellados por una camilla.
Ellos no lo harían.













flor_deloto dijo
La vejez es dura, Sansar; y es un sitio al que casi todos vamos a llegar. No pude disfrutar de mis abuelos, porque se fueron antes que yo hubiera nacido, pero si de mis dos abuelas. La materna hasta hace muy poco, murió de 88 años entera como un roble pero dejó marchitar su alma un día cualquiera en que se cansó de no poder entrar y salir como siempre lo había hecho a lo largo de su vida.Me llamó una tarde y me dijo: solo vive hasta el día en que te puedas bastar a ti misma, después no tiene gracia vivir. Y así fue, en silencio, con testarudez y suficiencia dejó lentamente de comer. Nada pudimos hacer, por respeto a ella misma. La lloré bastante, porque era mi alma gemela. Gracias por recordármela en este instante. Es la segunada vez en el día, hace un rato llegando de trabajar y mirándome en el espejo del ascensor recordé una frase que siempre me decía, y sonreí.Le sonreí por todo lo que ella significó en nuestras vidas, y en la mía en particular, donde quiera que esté.
BssKssBss.
27 Diciembre 2007 | 10:31 PM