Universos
Esta mañana, al despertarme, fui a abrir el armario para sacar mi batín, cuando observé una luz que provenía de la ranura del cajón de los calcetines. Me extrañó (¿a quién no le extrañaría?), así que lo abrí, no sin cierta aprensión, y me encontré dentro con un universo orbitando alrededor de una singularidad a modo de agujero en un calcetín negro y desparejado. Observándolo con detenimiento, vi que tenía toda la apariencia de ser un universo primigenio, de tamaño medio, capaz de albergar, por lo bajo, unos cuantos millones de galaxias con sus constelaciones, sus planetas y sus atmósferas, aunque no conseguía averiguar de qué pie era el calcetín. Algo atónito, me quedé un rato contemplándolo, unos pocos minutos, lo suficiente para asistir a dos o tres supernovas y la creación y destrucción de millones de especies de verrugas plantares en uno de sus mundos. Sin saber muy bien qué hacer, volví a cerrarlo, despacio, para no interferir en su evolución y me dirigí al baño para hacer pis y afeitarme. Al abrir el armarito donde guardo los enseres me encontré con otro universo (aunque, éste se veía claramente que era un microcosmos) orbitando alrededor del after-shave. Como era enano, sólo tenía una galaxia con forma de maquinilla de afeitar desechable y el planeta con vida estaba habitado por unos seres extraños, barbilampiños todos ellos, que adoraban a un tal Floïd, dios balsámico del universo. De su universo, claro.
Con los pies desnudos y sin afeitar, entré en la cocina dispuesto a prepararme el desayuno y meditar sobre lo que estaba sucediendo, pero no me dio tiempo. Al abrir la alacena encontré otro (y, ya iban tres). En éste, con forma helicoidal, las estrellas eran más bien estrellitas de maíz recubiertas de miel y los planetas sabrosas bolas de chocolate rellenas de leche que se derretían a cada órbita, dejando un reguero de materia por toda la estantería. Empezaba a desquiciarme tanto universo intruso y me dio por inspeccionar el resto de la cocina. En el lavavajillas había uno ovalado, como una ensaladera, que tenía tan poca materia oscura que uno podía ver la cubertería sucia a través de él. En el frigorífico encontré otro, pobrecito, medio congelado y me dio tanta lástima que lo introduje en el microondas para calentarlo y al poco ya se habían formado tantos púlsares en otras tantas galaxias que tuve que meter un pollo de antimateria para neutralizar el campo magnético y así evitar que el microondas desapareciera en una dimensión paralela. En la lavadora, se centrifugaba uno muy, pero que muy viejo, que tenía toda la pinta de estar a punto de esfumarse por el agujero negro que toda lavadora tiene, y por donde me vienen desapareciendo cada semana de dos o tres prendas de media, sin que encuentre una explicación lógica.
Harto de descubrir universos por todos los rincones de la casa, me calcé las pantuflas, abrí la puerta de la calle y me topé con un inmenso ojo que pestañeaba y me miraba perplejo, no sin cierta curiosidad antropológica.








angel-o-demonio dijo
TE he dicho <sienes y sienes de veces, que no te levantes sonámbulo.XDDDD!!
SAluditos varios!!
5 Noviembre 2007 | 07:46 PM