Relato no convencional
Si este fuera un relato convencional, en estas primeras líneas iría implícito el enigma que a modo de anzuelo engancharía nuestra atención y que, dependiendo de su fortaleza junto con la curiosidad del lector, habría de durar hasta llegar al desenlace.
Siento decepcionar pero, en este relato no convencional, no hay enigma posible. Entre otras cosas porque el acusado ha admitido los hechos y, por si no bastara, hay una grabación que lo corrobora y que el 'efecto yutú' ha elevado a prueba incriminatoria. Imaginamos que pronto llegará un punto en que para verificar la realidad deberemos consultarla antes en el buscador de Youtube o Google.
Pero, sigamos con nuestro relato.
Aunque hubiera un enigma, un enigma en sí no sería suficiente para construir (convencional o no) un relato. Harían falta más cosas, muchas más, como por ejemplo una exposición.
En este relato no convencional, la exposición es breve, casi de chiste. De esa del tipo "Iban la otra noche un español, una ecuatoriana y un argentino en un vagón del tren cuando..." lo cual, de paso, nos sitúa en un escenario (el vagón de un tren), una época (actual), un ambiente (real) y una atmósfera (suburbana).
Los personajes ya han sido presentados, nos quedaría su clasificación: El protagonista, un imbécil con bajos instintos, la co-protagonista, una chica asustada y el antagonista. Detengámonos en éste último, los personajes antagonistas siempre dan morbo. El de este relato no convencional lo antagoniza un joven argentino, también menor de edad como la chica, que observa el desarrollo de la trama sin implicarse en la acción. Algunos dirán (dicen) que su actitud fue reprobable. Cierto. Siempre resulta incómodo observar la pasividad de un sujeto frente a la agresión a un tercero. En este punto, muchos nos cuestionaremos lo que hizo o, mejor dicho, lo que no hizo. En definitiva, lo que nosotros hubiéramos hecho en su lugar. Nuestro lado peliculero nos dirá que habríamos saltado como leones y le habríamos roto la cara al imbécil del protagonista. Yo mismo me he visto allí, sentado en la parte inferior derecha, levantándome infinidad de veces (que ni John McClane , oiga) dándole una somanta de hostias al imbécil ese y después saliendo por la puerta del vagón con la chica en brazos, todo aderezado con música de violines. El problema es que no estuve allí. Nadie lo estuvo, excepto él. Así que ‘Actore non probante, reus absolvitur’.
Sigamos.
En un relato (convencional o no) puede existir un diálogo. En éste, lo hay pero no se oye, aunque no resulta difícil intuirlo. Lo hemos oído cientos de veces en otros escenarios, reales o ficticios, rurales o urbanos, actuales o del pasado. Es más de lo mismo. Siempre es más de lo mismo.
El nudo está claro: un imbécil de protagonista que acosa con insultos racistas y patadas a una chica mientras el antagonista mira hacia otro lado. A todo esto, aparte del hecho en sí, lo que llama poderosamente la atención es que el imbécil no dejara de hablar por el móvil durante toda la escena. Imaginamos que fue debido a que es tan mal actor que necesitó de un apuntador que le soplara la actuación.
La escena finaliza saliendo fuera de foco primero el imbécil y la víctima después.
Curiosamente el desarrollo no se ha detenido en ese momento (que, por desgracia, suele ser lo habitual en estos casos) ni tampoco cuando la policía ha hecho su trabajo y el juez el suyo, sino que ha continuado (y continua) con otros actores, escenarios, argumentos, etc. Pero es porque ya se ha convertido en otra película. Se podría decir que la otra, la película de los hechos, no hubiese pasado de ser un blockbuster de informativo de medianoche, con una vida útil tan corta como la baguette que compro por las mañanas, de no ser porque los políticos, aburridos ellos, han vuelto a meter los pies en el barreño equivocado (parece que no les basta con 'El Camarote Constitucional de los hermanos Marx'. Parece que no hemos aprendido nada del caso Madeleine, ¿eh?). De tal modo que tenemos que, lo que en un primer momento era una agresión estúpida sin más, gracias al circo mediático se ha convertido en un asunto de Estado vía diplomática. ¿Alguien ha avisado ya a Benedicto XVI para que se haga la foto?
Por no hablar de los rumores que apuntan a cifras que superan el caché de famosetes de medio pelo para obtener una entrevista con el imbécil.
En fin y en todo caso, esperemos que el desenlace de este relato no convencional sea que el imbécil vaya al trullo un par de días y le caiga una multa mayor que lo que va a ingresar de la tele-basura, que la niña pueda olvidar pronto lo sucedido y vuelva a ser otra vez (lo que es) una niña, que el antagonista no se agobie demasiado y que los políticos (de este, ese o cualquier otro país) dejen de actuar de cara a la galería para dedicarse a que relatos no convencionales como éste no se vuelvan a escribir.
Falta el título pero, como ya he dicho antes, éste no es un relato convencional.







sinperdon dijo
Sansar, desgraciadamente es así. La TV basura y los medios harán caja. Y después todos nos olvidaremos. Quizá el protagonista con un susto, pero sin cumplir pena alguna y una fama que le reporte algún dinerillo. ´La víctima, seguro que es la que se queda con lo peor, el miedo. Y el figurante, pasa por la vida , sin actuar y este suceso le pasará de igual modo. T sí , digo "figurante", porque de antagonista no tiene nada al menos literariamente, pues por definición en toda obra dramática o narrativa el "antagonista" es el personaje que se opone para que el protagonista consiga el fin, persigue el mismo fin que éste o simplemente se opne a la resolución del "conflicto" o devenir de los acontecimientos. Ynuestro hombre es un mero comparsa, parte el decorado, eso un "figurante". Pero habemos otros figurantes peores, nosotros, representados en la justicia uqe permitimos que esto ocurra, cuando se debería actuar de forma ejemplarizante, para no tener que vivir más "relatos no convencionales" que se han vuelto habituales.
Saludos
27 Octubre 2007 | 05:01 PM