La Coctelera

Postales desde Mongolia

· Nunca convencerás a un ratón de que un gato negro trae buena suerte ·

27 Octubre 2007

Relato no convencional

Si este fuera un relato convencional, en estas primeras líneas iría implícito el enigma que a modo de anzuelo engancharía nuestra atención y que, dependiendo de su fortaleza junto con la curiosidad del lector, habría de durar hasta llegar al desenlace.

Siento decepcionar pero, en este relato no convencional, no hay enigma posible. Entre otras cosas porque el acusado ha admitido los hechos y, por si no bastara, hay una grabación que lo corrobora y que el 'efecto yutú' ha elevado a prueba incriminatoria. Imaginamos que pronto llegará un punto en que para verificar la realidad deberemos consultarla antes en el buscador de Youtube o Google.

Pero, sigamos con nuestro relato.

Aunque hubiera un enigma, un enigma en sí no sería suficiente para construir (convencional o no) un relato. Harían falta más cosas, muchas más, como por ejemplo una exposición.

En este relato no convencional, la exposición es breve, casi de chiste. De esa del tipo "Iban la otra noche un español, una ecuatoriana y un argentino en un vagón del tren cuando..." lo cual, de paso, nos sitúa en un escenario (el vagón de un tren), una época (actual), un ambiente (real) y una atmósfera (suburbana).

Los personajes ya han sido presentados, nos quedaría su clasificación: El protagonista, un imbécil con bajos instintos, la co-protagonista, una chica asustada y el antagonista. Detengámonos en éste último, los personajes antagonistas siempre dan morbo. El de este relato no convencional lo antagoniza un joven argentino, también menor de edad como la chica, que observa el desarrollo de la trama sin implicarse en la acción. Algunos dirán (dicen) que su actitud fue reprobable. Cierto. Siempre resulta incómodo observar la pasividad de un sujeto frente a la agresión a un tercero. En este punto, muchos nos cuestionaremos lo que hizo o, mejor dicho, lo que no hizo. En definitiva, lo que nosotros hubiéramos hecho en su lugar. Nuestro lado peliculero nos dirá que habríamos saltado como leones y le habríamos roto la cara al imbécil del protagonista. Yo mismo me he visto allí, sentado en la parte inferior derecha, levantándome infinidad de veces (que ni John McClane , oiga) dándole una somanta de hostias al imbécil ese y después saliendo por la puerta del vagón con la chica en brazos, todo aderezado con música de violines. El problema es que no estuve allí. Nadie lo estuvo, excepto él. Así que ‘Actore non probante, reus absolvitur’.

Sigamos.

En un relato (convencional o no) puede existir un diálogo. En éste, lo hay pero no se oye, aunque no resulta difícil intuirlo. Lo hemos oído cientos de veces en otros escenarios, reales o ficticios, rurales o urbanos, actuales o del pasado. Es más de lo mismo. Siempre es más de lo mismo.

El nudo está claro: un imbécil de protagonista que acosa con insultos racistas y patadas a una chica mientras el antagonista mira hacia otro lado. A todo esto, aparte del hecho en sí, lo que llama poderosamente la atención es que el imbécil no dejara de hablar por el móvil durante toda la escena. Imaginamos que fue debido a que es tan mal actor que necesitó de un apuntador que le soplara la actuación.

La escena finaliza saliendo fuera de foco primero el imbécil y la víctima después.

Curiosamente el desarrollo no se ha detenido en ese momento (que, por desgracia, suele ser lo habitual en estos casos) ni tampoco cuando la policía ha hecho su trabajo y el juez el suyo, sino que ha continuado (y continua) con otros actores, escenarios, argumentos, etc. Pero es porque ya se ha convertido en otra película. Se podría decir que la otra, la película de los hechos, no hubiese pasado de ser un blockbuster de informativo de medianoche, con una vida útil tan corta como la baguette que compro por las mañanas, de no ser porque los políticos, aburridos ellos, han vuelto a meter los pies en el barreño equivocado (parece que no les basta con 'El Camarote Constitucional de los hermanos Marx'. Parece que no hemos aprendido nada del caso Madeleine, ¿eh?). De tal modo que tenemos que, lo que en un primer momento era una agresión estúpida sin más, gracias al circo mediático se ha convertido en un asunto de Estado vía diplomática. ¿Alguien ha avisado ya a Benedicto XVI para que se haga la foto?

Por no hablar de los rumores que apuntan a cifras que superan el caché de famosetes de medio pelo para obtener una entrevista con el imbécil.

En fin y en todo caso, esperemos que el desenlace de este relato no convencional sea que el imbécil vaya al trullo un par de días y le caiga una multa mayor que lo que va a ingresar de la tele-basura, que la niña pueda olvidar pronto lo sucedido y vuelva a ser otra vez (lo que es) una niña, que el antagonista no se agobie demasiado y que los políticos (de este, ese o cualquier otro país) dejen de actuar de cara a la galería para dedicarse a que relatos no convencionales como éste no se vuelvan a escribir.

Falta el título pero, como ya he dicho antes, éste no es un relato convencional.

servido por sansar 6 comentarios compártelo

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

sinperdon

sinperdon dijo

Sansar, desgraciadamente es así. La TV basura y los medios harán caja. Y después todos nos olvidaremos. Quizá el protagonista con un susto, pero sin cumplir pena alguna y una fama que le reporte algún dinerillo. ´La víctima, seguro que es la que se queda con lo peor, el miedo. Y el figurante, pasa por la vida , sin actuar y este suceso le pasará de igual modo. T sí , digo "figurante", porque de antagonista no tiene nada al menos literariamente, pues por definición en toda obra dramática o narrativa el "antagonista" es el personaje que se opone para que el protagonista consiga el fin, persigue el mismo fin que éste o simplemente se opne a la resolución del "conflicto" o devenir de los acontecimientos. Ynuestro hombre es un mero comparsa, parte el decorado, eso un "figurante". Pero habemos otros figurantes peores, nosotros, representados en la justicia uqe permitimos que esto ocurra, cuando se debería actuar de forma ejemplarizante, para no tener que vivir más "relatos no convencionales" que se han vuelto habituales.
Saludos

27 Octubre 2007 | 05:01 PM

srta desconocida

srta desconocida dijo

y lo peor de todo es que aunque no es un relato convencional, la historia y hasta los protagonistas suenan ya familiares... vamos, que ya he oído yo esto en otro lugar, con otras caras....

bicos

27 Octubre 2007 | 05:06 PM

sansar

sansar dijo

sinperdon, lo que me encuriosea es qué es lo que provoca que una agresión de las muchas que hay se eleve por encima y se convierta en portada de informativos durante una temporada. Lo mismo sirve para el caso Madeleine. A veces tengo la sensación de que somos nosotros los que (no sé muy bien porqué) los convertimos en famosos.
Sobre lo de antagonista/figurante, no te quito razón. Aunque si le he dado el papel de antagonista en esta historia es porque entiendo que su actitud se opone (que no combate) a la del protagonista. Hay que tener en cuenta que en la 2ª parte testifica contra el protagonista. En plan rollo Gandhi, ya sabes. Ya sé que está pillado por los pelos, pero es que si no el relato me quedaba cojo, joer. un abrazo.

sita, el pan nuestro de cada día. Casi todos hemos vivido cosas así en persona y no nos han sacado por la tele. Qué ingrata que es la vidaaaaa. bss

27 Octubre 2007 | 07:21 PM

cavilante

cavilante dijo

Estoy contigo Sansar en lo penoso del caso y en la más penosa todavía explotación mediática de temas judiciales que lo único que hacen es interferir la tarea de la Justicia por conseguir un rédito económico.

Amén del bochornoso espectáculo de la persecución periodística del "anormal" como si fuera un premio Príncipe de Asturias. La prensa lo ensalza condenándolo, tiene guasa.

Este país está lleno de bufones y de trincones ¡Líbranos señor de ellos, cuanto antes!

28 Octubre 2007 | 02:50 AM

flor_deloto

flor_deloto dijo

Ese país, cavilante, y este también ... y otros. El morbo y la tragedia ajena pagan bastante. Es penoso ver esas imágenes, pero lo peor de todo es que suceden y mientras ruedan miles de trenes pasan esas cosas .... como pasan en las calles, en las casas y en todos los idiomas.
Y como dice Sansar, en menor o mayor medida hemos sido testigos de hechos parecidos.
Bsskssbss

28 Octubre 2007 | 02:59 AM

sansar

sansar dijo

cavilante, veo que no soy el único que se queda pasmado con estas cosas. Qué mundo.
flor, por desgracia la estupidez es transnacional, como un virus, como si se compitera en unas Olimpiadas del horror. kss

28 Octubre 2007 | 01:10 PM

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Con la llegada, en la segunda década del siglo XX, del comunismo a Mongolia, se suprimieron los apellidos para destruir el sistema de clanes, la aristocracia hereditaria y la estructura de clases del país. Setenta años después, con la caída de los comunistas, esta absurda medida se abolió y una gran mayoría de mongoles tuvieron que elegir un nuevo apellido. Muchos decidieron adoptar "Sansar" que en su idioma significa Cosmos.

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