Tierra de nadie
Hay una película "Un Franco, 14 Pesetas" que le tenía ganas desde que leí su argumento. Y hace poco la vi por fin. La historia, ambientada en los sesenta, trata sobre dos amigos madrileños que, acuciados por la economía franquista de la época, deciden emigrar a Suiza para ahorrar un dinero con el que volver para comprarse un piso. El sueño de muchos emigrantes. El sueño de muchos jóvenes ahora.
Para ello, viajan con lo puesto, es decir, sin nada y con todos los tópicos del españolito de entonces: medio analfabetos, machistas, arrogantes y muertos de hambre. ¿Cuánto hemos cambiado? Defectos que paulatinamente quedarán ensombrecidos por un gran sentido del trabajo que junto con las ganas de mejorar les permitirá sentirse parte integrante de la sociedad suiza.
Una vez allí servirán de contrapunto para comparar odiosamente el nivel social, económico y laboral de los dos países en aquella época. La película se nutre de pequeñas anécdotas que van pincelando casi sin esfuerzo lo que representó para muchos la emigración en esos tiempos tan oscuros.
No voy a desvelar el final, por si alguien tiene la intención de verla, pero sólo existen dos alternativas. Quedarse o volver.
En mi caso, hijo de emigrantes en esa Suiza que tan bien retrata el director, no tuve elección (era muy pequeño) y mis padres, con la morriña de la patria, decidieron volverse. ¿Acierto o error? Nunca lo sabré. Más de 30 años después todavía sigo cuestionando esa decisión, aunque no haya vuelta de hoja. Me imagino que eso explique que, cuando me preguntan de donde soy, suela contestar que de "la tierra de nadie".
Hace poco tuve la oportunidad de charlar con una amiga argentina, la madre de un compañero de colegio de mis hijos, que hace dos años y medio llegó aquí emigrando. Ella es abogada pero trabaja de dependiente en una oficina de Gas Natural. Me explicó que la situación en Argentina se hizo tan dramática: niños secuestrados por vecinos del barrio, robos, asesinatos, precariedad laboral, futuro incierto... que decidieron venirse acá para ganar en tranquilidad y prosperar, aunque fuera algo. Como parecido fue lo que me contaba una familia colombiana que también emigró por la inseguridad de ver algún día a sus hijos reclutados a la fuerza por las guerrillas.
Y fue una frase la que me llamó la atención. Decía que Argentina también tenía emigración de otros países latinoamericanos.
Fue entonces cuando pensé que para un boliviano, por decir, que emigra a Argentina, debe ser una especie de paraíso, al igual que un argentino que emigra a España o un español a Suiza.
¿A dónde coño emigrarán los suizos?









unaovarios dijo
Hola, suelo leerte pero nunca he dejado comentario. Hoy me obliga el origen, nací también en Suiza, pero mis padres decidieron volver después de pasar casi ocho años allí. Entonces las condiciones que imponían los suizos para acceder a la nacionalidad eran difíciles, ahora no sé como irán, pero supongo que habrá cambiado muy poco. Y no tengo la sensación de tener raices en ninguna tierra... Tal vez de todas? Como Suiza es neutral... De todas formas, a estas alturas, a quién le importan las raices y fronteras? A mi no. Un saludo y si me lo permites volveré a leerte y en adelante, comentando.
1 Octubre 2007 | 07:40 PM