La Coctelera

Postales desde Mongolia

· Nunca convencerás a un ratón de que un gato negro trae buena suerte ·

23 Septiembre 2007

Tripas y zanahorias

Seré breve. Hoy no voy a publicar un relato propio. Lo que viene a continuación es un cuento de Chuck Palahniuk , autor de El Club de la Lucha. Sí, aquella peli de Brad Pitt y Edward Norton. El cuento que publico se titula 'Tripas' y trata el tema de la masturbación. En concreto sobre 'técnicas extremas' de masturbación. Aunque leyéndolo, uno se da cuenta de que de lo que realmente habla es de la zanahoria. Esa zanahoria invisible que todos escondemos por vergüenza. Otro día hablaré sobre mi zanahoria. Mientras tanto, abrochaos los cinturones y preparaos para un relato crudo, morboso y de un humor negro muy, muy peculiar.
Que aproveche.

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Toma aire.

Toma tanto aire como puedas.
Esta historia debería durar aproximadamente lo que puedas aguantar tu respiración, y algo más. Así que escucha tan rápido como puedas.

Cuando tenía trece años, un amigo mío escuchó hablar del “pegging”. Es cuando un tío se mete un consolador por el trasero, se estimula lo suficiente la próstata y, dicen, se logran explosivos orgasmos sin manos. A esa edad, este amigo es un pequeño maníaco sexual. Siempre está buscando una manera mejor de darse placer. Sale a comprar una zanahoria y un poco de jalea para llevar a cabo una pequeña investigación personal. Después se imagina cómo se va a ver en la cola del cajero del supermercado, la zanahoria solitaria y la jalea rodando por la cinta. Todos los compradores en fila, observando. Todos viendo la gran noche que ha planeado.

Así que mi amigo compra leche y huevos y azúcar y una zanahoria. Todos los ingredientes para una tarta de zanahorias. Y vaselina.
Como si fuera a meterse un pastel de zanahoria por el culo.

En casa, talla la zanahoria hasta convertirla en una contundente herramienta. La unta con grasa y se la mete dentro. Entonces, nada. Ningún orgasmo. Nada pasa, salvo que duele. De pronto, la madre del chico grita que es la hora de la cena. Le dice que baje inmediatamente. Él se saca la zanahoria y esconde esa cosa mugrienta y resbaladiza entre la ropa sucia debajo de su cama.

Después de la cena va en busca de la zanahoria, pero ya no está. Mientras cenaba, su madre recogió toda la ropa sucia para lavarla. De ningún modo podía encontrar la zanahoria, ocultada con un cuchillo de untar de su cocina, aún apestosa y reluciente de jugos.

Mi amigo espera semanas, meses, bajo una nube oscura, esperando que sus padres se lo echen en cara. Y nunca lo hacen. Nunca. Incluso ahora, que ha crecido, esa zanahoria invisible cuelga sobre cada cena de Navidad, cada fiesta de cumpleaños, cada búsqueda de huevos de Pascua con sus hijos, los nietos de sus padres. Esa zanahoria fantasma se cierne sobre ellos. Ese algo demasiado espantoso para ser nombrado.

Los franceses tienen una frase: “el ingenio de escalera”. En francés, l’esprit de l’escalier. Se refiere a esa sensación que tenemos cuando nos viene a la cabeza, demasiado tarde, la acción que deberíamos haber tomado Digamos que estás en una fiesta y alguien te insulta. Bajo presión, con todos mirándote, respondes algo tonto. Pero cuando te vas de la fiesta, cuando bajas la escalera, entonces, la magia. Se te ocurre la frase perfecta que deberías haber dicho. La perfecta réplica humillante. Ese es el espíritu de la escalera.

El problema es que los franceses no tienen una definición para las cosas estúpidas que uno realmente dice cuando está bajo presión. Esas cosas estúpidas y desesperadas que uno en verdad piensa o hace.

Algunas de esas cosas no tienen nombre. De algunas de ellas es mejor ni hablar.

Mirando atrás, los expertos en psicología infantil, los consejeros escolares, actualmente dicen que el último pico en la ola de suicidios adolescentes se da en chavales que trataban de asfixiarse mientras se masturbaban. Sus padres los encontraban con una toalla alrededor del cuello, atada al ropero de la habitación y muertos. Esperma por todas partes. Por supuesto, los padres lo limpiaban todo. Le ponían pantalones al chico. Hacían que se viera... mejor. Intencional, al menos. Un típico y triste caso de suicidio adolescente.

Otro amigo mío, un compañero de clase con su hermano mayor en la Marina, contaba que los hombres en Medio Oriente se masturban de manera diferente a como lo hacemos nosotros. Su hermano estaba destinado en un país de camellos donde los mercados públicos venden lo que podrían ser elegantes cortapapeles. Cada herramienta es una delgada vara de plata lustrada o latón, quizá tan larga como una mano, con una gran punta, a veces una gran bola de metal o el tipo de mango refinado que se puede encontrar en una espada. Este hermano en la Marina decía que los árabes se empalman y después se insertan esta vara de metal dentro de todo el largo de su erección. Y se masturban con la vara dentro, y eso hace que masturbarse sea mucho mejor. Más intenso.

Es el tipo de hermano mayor que viaja por el mundo y manda a casa dichos franceses, dichos rusos, útiles sugerencias para masturbarse. Después de esto, un día el hermano menor falta a la escuela. Esa noche llama para pedirme que le lleve los deberes de las próximas semanas. Porque está en el hospital.

Tiene que compartir la habitación con viejos con problemas en las tripas. Dice que todos tienen que compartir la misma tele. Su única privacidad es una cortina. Sus padres no lo visitan. Por teléfono, dice que sus padres ahora mismo podrían matar al hermano mayor que está en la Marina.

También dice que el día anterior estaba un poco drogado. En casa, en su habitación, estaba tirado en la cama, con una vela encendida y hojeando revistas porno, preparado para masturbarse. Todo esto después de escuchar la historia del hermano en la Marina. Esa referencia útil acerca de cómo se masturban los árabes. El chico mira alrededor para encontrar algo que pueda ayudarlo. Un bolígrafo es demasiado grande. Un lápiz, demasiado grande y duro. Pero cuando la punta de la vela gotea, se logra una delgada y suave arista de cera. La frota y la moldea entre las palmas de sus manos. Larga y suave y delgada.

Drogado y caliente, se la introduce dentro, más y más profundamente por el orificio. Con un gran resto de cera todavía asomándose, se pone a trabajar.

Aún ahora, dice que los árabes son muy astutos. Que reinventaron por completo la masturbación. Acostado en la cama, la cosa se pone tan bien que no es capaz de prestar atención a la cera. Está a punto de lograrlo cuando la cera ya no se asoma fuera de su erección. La delgada vara de cera se ha quedado dentro. Por completo. Tan adentro que no puede sentir su presencia en la uretra.

Desde abajo, su madre grita que es hora de cenar. Dice que tiene que bajar de inmediato. El chico de la cera y el chico de la zanahoria son personas diferentes, pero tienen vidas muy parecidas.

Después de la cena, al chico le empiezan a doler las tripas. Es cera, así que se imagina que se derretirá adentro y la meará. Ahora le duele la espalda, los riñones. No puede mantenerse derecho.

El chico está hablando por teléfono desde su cama de hospital, y de fondo se pueden escuchar campanadas y gente gritando. Programas de juegos en televisión.

Las radiografías muestran la verdad, algo largo y delgado, doblado dentro de su vejiga. Esta larga y delgada V dentro suyo está almacenando todos los minerales de su orina. Se está poniendo cada vez más grande y dura. Cubierta con cristales de calcio, golpea y desgarra las suaves paredes de su vejiga, obturando la salida de su orina. Sus riñones están colapsados. Lo poco que gotea de su pene es rojo de sangre.

El chico y sus padres, toda la familia mirando las radiografías con el médico y las enfermeras parados allí, la gran V de cera brillando para que todos la vean: tiene que decir la verdad. La forma en que se masturban los árabes. Lo que le escribió su hermano en la Marina. En el teléfono, ahora, se pone a llorar.

Pagaron la operación de vejiga con el dinero ahorrado para la universidad. Un error estúpido, y ahora jamás será abogado. Meterse cosas dentro. Meterse dentro de cosas. Una vela en la polla o la cabeza en una horca, sabíamos que serían problemas grandes.

Lo que me creó problemas a mí lo llamo “Bucear por perlas”. Esto significa masturbarse bajo el agua, sentado en el fondo de la profunda piscina de mis padres. Respiraba hondo, con una patada me iba al fondo y me deshacía del bañador. Me quedaba sentado ahí, en el fondo dos, tres, cuatro minutos.

Sólo por masturbarme tenía una gran capacidad pulmonar. Si hubiera tenido una casa para mí solo, lo habría hecho durante tardes enteras.

Cuando finalmente terminaba de bombear, el esperma colgaba sobre mí en grandes y gordos globos lechosos.

Después había más buceo, claro, para recolectarla y limpiar cada resto con una toalla. Por eso lo llamo “bucear por perlas”. Aun con el cloro, me preocupaba mi hermana. O, por Dios, mi madre.

Ese solía ser mi mayor temor en el mundo: que mi hermana adolescente y virgen pensara que estaba engordando y diera a luz a un bebé retardado de dos cabezas. Las dos cabezas me mirarían a mí. A mí, el padre y el tío. Pero al final, lo que te preocupa nunca es lo que te atrapa.

La mejor parte de bucear por perlas era el desagüe para el filtro de la piscina y la bomba de circulación del agua. La mejor parte era desnudarse y sentarse allí.

Como dicen los franceses, ¿a quién no le gusta que le chupen el culo? De todos modos, en un minuto se pasa de ser un chico masturbándose a un chico que nunca será abogado.

En un minuto estoy acomodado en el fondo de la piscina, y el cielo ondula, celeste, a través de dos metros y medio de agua sobre mi cabeza. El mundo está silencioso salvo por los latidos del corazón en mis oídos. Los shorts amarillos están alrededor de mi cuello por seguridad, por si aparece un amigo, un vecino o cualquiera preguntando por qué no he ido al entrenamiento de fútbol. Siento la continua chupada del desagüe del filtro, y estoy meneando mi culo blanco y flaco sobre esa sensación. Tengo aire suficiente y la picha en la mano. Mis padres están en el trabajo y mi hermana tiene ballet. Se supone que nadie estará en casa durante horas.

Mi mano me lleva casi al punto de acabar, y paro. Nado hacia la superficie para tomar aire. Vuelvo a bajar y me siento en el fondo. Hago esto una y otra vez.

Debe ser por esto que las chicas quieren sentarse sobre tu cara. La succión es como una descarga que nunca se detiene. Con la polla dura, mientras me chupan el culo, no necesito aire. El latido de mi corazón en mis oídos. Permanezco abajo hasta que brillantes estrellas de luz empiezan a pulular alrededor de mis ojos. Abierto de piernas, con la parte de atrás de mis rodillas pegadas al fondo de cemento. Los dedos de mis pies se vuelven azules, los dedos de los pies y las manos se arrugan de estar tanto tiempo en el agua.

Y después dejo que suceda. Los grandes globos blancos se sueltan y empiezan a desperdigarse. Las perlas. Entonces es cuando necesito algo de aire. Pero cuando intento dar una patada para elevarme, no puedo. No puedo sacar los pies. Mi culo está atrapado.

Los enfermeros de emergencias te dirán que cada año cerca de 150 personas se quedan atascadas de este modo, chupadas por la bomba de circulación. Queda atrapado el pelo largo, o el culo, y se ahoga. Cada año, cantidad de gente acaba ahogándose así. La mayoría en Florida.

Sólo que la gente no habla del tema. Ni siquiera los franceses hablan acerca de todo. Con una rodilla arriba y un pie debajo de mi cuerpo, logro medio incorporarme cuando siento el tirón en mi culo. Poniendo el otro pie debajo de mí, me doy impulso contra el fondo. Me libero pateando, sin tocar el fondo, pero sin conseguir aire tampoco. Todavía pateando bajo el agua, agitando ambos brazos, debo estar a mitad de camino de la superficie, pero sin subir mas alto. El latido de mi corazón en los oídos se hace más fuerte y rápido.

Brillantes chispas de luz cruzan ante mis ojos, me doy la vuelta para mirar... pero no tiene sentido. Una gruesa cuerda, como una serpiente, azul clara, trenzada con venas, ha salido del desagüe de la piscina y esta enganchada a mi culo. De algunas de las venas brota sangre, sangre roja que parece negra bajo el agua y se desperdiga en pequeños hilos de la piel pálida de la serpiente. La sangre se aleja, desapareciendo en el agua, y dentro de la delgada y azul piel de la serpiente puedes ver trozos de almuerzo a medio digerir.

Es el único modo de que tenga sentido. Algún horrible monstruo marino, una serpiente de mar, algo que nunca ha visto la luz del día, ha estado escondido todo este tiempo en el oscuro fondo del desagüe de la piscina, esperando para comerme.

Así que la pateo, pateo su piel deslizante, como de plástico y llena de venas, pero cada vez sale más del desagüe. Ahora quizá sea tan larga como mi pierna, pero aún me retiene el culo. Con otra patada estoy a punto de lograr tomar aire. Todavía sintiendo que la serpiente tira de mi culo, estoy a un centímetro de escapar.

Dentro de la serpiente se pueden ver granos de maíz y cacahuetes. Se puede ver una brillante bola anaranjada. Es la vitamina para caballos que mi padre me hace tomar para que gane peso. Para que consiga una beca gracias al fútbol. Con hierro extra y ácidos grasos omega tres. Ver esa pastilla me salva la vida.

No es una serpiente. Es mi largo intestino, mi colon, arrancado de mi cuerpo. Lo que los doctores llaman prolapso. Mis tripas chupadas por el desagüe.

Los enfermeros dirán que una bomba de agua de piscina bombea 360 litros de agua por minuto. Eso son unos 200 kilos de presión. El gran problema es que por dentro estamos interconectados. Nuestro culo es sólo la parte final de nuestra boca. Si me suelto, la bomba sigue trabajando, desenredando mis entrañas hasta llegar a mi boca. Imagina cagar 200 kilos de mierda y podrás calcular cómo eso puede destrozarte.

Lo que puedo decir es que las entrañas no sienten mucho dolor. No de la misma manera que duele la piel. Los doctores llaman materia fecal a lo que uno digiere. Antes de eso son pegotes de una masa delgada y resbaladiza decorada con maíz, cacahuetes y guisantes verdes.

Ahí está esa sopa de sangre y maíz, mierda y esperma y cacahuetes que flota a mi alrededor. Incluso con mis entrañas deshilachándose fuera de mi culo, agarrándome a lo que aún les quedaba, incluso entonces, mi mayor obsesión es volver a ponerme de nuevo mi bañador. Dios no permita que mis padres me vean la picha.

Una de mis manos está apretada en un puño alrededor de mi culo, la otra arranca el bañador amarillo del cuello. Pero ponérmelo es imposible.

Si quieres saber cómo se sienten los intestinos, compra uno de esos condones de piel de cabra. Saca y desenrolla uno. Llénalo con mantequilla de cacahuete, cúbrelo con lubricante y sostenlo bajo el agua. Entonces intenta rasgarlo. Trata de partirlo en dos. Es demasiado resistente y gomoso. Es tan resbaladizo que no se puede sujetar. Un condón de piel de cabra, eso es un intestino común.

¿Ves contra lo que estoy luchando?

Si me dejo ir por un segundo, me destripo.

Si nado hacia la superficie para buscar una bocanada de aire, me destripo.

Si no nado, me ahogo.

Es una decisión entre morir ahora mismo o dentro de un minuto. Lo que mis padres encontrarán cuando vuelvan del trabajo es un gran feto desnudo, acurrucado sobre sí mismo. Flotando en el agua sucia de la piscina del patio. Sostenido por atrás por una gruesa cuerda de venas y tripas retorcidas. El opuesto de un adolescente que se ahorca cuando se masturba. Este es el bebé que trajeron del hospital hace trece años. Este es el chico para el que deseaban una beca deportiva y un título universitario. El que los cuidaría cuando fueran viejos. Aquí está el que encarnaba todas sus esperanzas y sueños. Flotando, desnudo y muerto. Todo alrededor, grandes perla lechosas de esperma desperdiciadas.

Eso, o mis padres me encontrarán envuelto en una toalla ensangrentada, desmayado a medio camino entre la piscina y el teléfono de la cocina, mis entrañas desgarradas aún colgando de la pierna de mis shorts amarillos. Algo de lo que ni los franceses hablarían.

Ese hermano mayor en la Marina nos enseñó otra buena frase, una frase rusa. Cuando nosotros decimos: “Necesito eso como necesito un agujero en la cabeza”, los rusos dicen: “Necesito eso como necesito dientes en el ojo del culo”. Mne eto nado kak zuby v zadnitse. Esas historias sobre cómo los animales capturados por una trampa se muerden su propia pierna; cualquier coyote puede decir que un par de mordiscos son mucho mejores que morir.

Mierda... aunque seas ruso, algún día podrías querer esos dientes. Y si no puede ser, lo que tienes que hacer es retorcerte, dar vueltas. Enganchar un codo detrás de la rodilla y tirar de esa pierna hasta la cara. Morder tu propio culo. Uno se queda sin aire y mordería cualquier cosa con tal de volver a respirar.

No es algo que te gustaría contarle a una chica en la primera cita. No si esperas un beso de buenas noches. Si os dijera cómo sabe, nunca jamás, nunca más volveríais a comer calamares.

Es difícil saber qué les disgustó más a mis padres: si cómo me metí en problemas o cómo me salvé. Después de salir del hospital, mi madre me dijo: “No sabías lo que hacías, cariño. Estabas en estado de shock”. Y aprendió a cocinar huevos pasados por agua.

Todas esas personas asqueadas o que me tienen lástima... las necesito como necesito dientes en el culo.

Hoy en día, la gente me dice que estoy demasiado delgado. En las cenas, la gente se queda callada o se enoja cuando no como la carne asada que prepararon. La carne asada me mata. El jamón cocido. Todo lo que se queda en mis entrañas durante más de un par de horas sale siendo todavía comida. Guisantes caseros o atún en lata, me levanto y me los encuentro allí, en el inodoro.

Después de sufrir una disección radical de los intestinos, la carne no se digiere muy bien. La mayoría de la gente tiene un metro y medio de intestino grueso. Yo tengo la suerte de conservar mis quince centímetros. Así que nunca obtuve la beca deportiva, ni un título. Mis dos amigos, el chico de la cera y el de la zanahoria, crecieron y se hicieron grandes, pero yo nunca llegué a pesar un kilo más de lo que pesaba cuando tenía trece años. Otro gran problema es que mis padres pagaron un montón de dinero por esa piscina. Al final mi padre le dijo al encargado de la piscina que fue el perro. El perro de la familia se cayó al agua y se ahogó. El cuerpo muerto quedó atrapado en el desagüe. Incluso cuando el tipo que vino a arreglar la piscina abrió el filtro y sacó un tubo gomoso, un resto de intestino con una gran píldora naranja de vitaminas aún dentro, incluso entonces mi padre sólo dijo: “Ese perro estaba como un puta cabra”. Desde la ventana de mi habitación en el primer piso se podía oír a mi padre decir: “No podíamos dejar a ese perro solo ni un segundo...”.

Después mi hermana tuvo un retraso en su período menstrual.

Aun cuando cambiaron el agua de la piscina, aun después de que vendieran la casa y nos mudáramos a otro lugar, aun después del aborto de mi hermana, ni siquiera entonces mis padres volvieron a mencionarlo.

Esa es nuestra zanahoria invisible.

Toma aire ahora.

Yo todavía no he podido.

Tags: tripas, palahniuk

servido por sansar 8 comentarios compártelo

8 comentarios · Escribe aquí tu comentario

cavilante

cavilante dijo

¿Que se metió el Palahniuk en las venas antes de escribir esto?

Había oído hablar del "realismo sucio" como estilo narrativo surgido hace unos años; esto me suena a "surrealismo sucio", aunque no sé si existe como género literario. Es bastante bueno como relato, pero para minorías... Vamos, que no va a ser un best seller.

Cavilo yo.

23 Septiembre 2007 | 07:13 PM

srta desconocida

srta desconocida dijo

Después de leerlo sólo puedo decir que me deja paralizada. Y que hoy no ceno, y que si vuelves a publicar algo así avisa, porque lo de "crudo, morboso y de humor negro peculiar" no me llegó como advertencia para no seguir...

23 Septiembre 2007 | 07:59 PM

sansar

sansar dijo

tengo entendido que Palahniuk es un tio que o bien levanta pasiones o todo lo contrario. Aparte de la peli y éste relato, no conozco nada más de él. Así que no puedo pronunciarme.
Es cierto que el relato es duro, con imágenes que te golpean mientras vas leyendo, pero precisamente es esto último lo que más me llamó la atención. Creo que soy una persona que lee bastante y en ninguno de ellos he llegado a encontrar una descripción tan evocadora que parezca que lo esté viendo delante de mí. Como si fuera una peli.
Dejando aparte lo gore, no me negareis los dos que todo el relato está enfocado desde el humor. Llámale peculiar, macabro o surrealista, pero es humor. ¿Cuántas historias nos podrían contar los enfermeros de urgencias sobre cosas de este estilo? Y las risas que se echan.
Y la guinda... esa obsesión por volver a ponerse el bañador. Lo estupidos que llegamos a ser. Tiene uno las tripas colgando por el culo y lo que más le preocupa a uno es "ponerse el bañador".
Luego decimos que no tenemos tabús.
sita, intenta cenar... pero que no sean callos!!! jajaja

23 Septiembre 2007 | 08:39 PM

cardiax

cardiax dijo

Gatito:
Define breve...

Apapachos

24 Septiembre 2007 | 05:28 AM

operadoor

operadoor dijo

¡Qué gran historia!

24 Septiembre 2007 | 06:11 AM

flor_deloto

flor_deloto dijo

Bueno, Sansar, para ser la lectura con la que debuto en Mongolia ... me parece especial. Nunca había leído algo tan sórdido acerca de la masturbación. Muy gráfico. Y dentro de la onda de humor negro, lo único que se me ocurre decir es que gracias a Dios.... tenemos un abogado menos!

[ no es que tenga nada contra los abogados, pero creo que el mundo tiene demasiados!]

24 Septiembre 2007 | 06:55 AM

sansar

sansar dijo

cardiax, yo fuí breve. El relato es laaaaargo. Te gustó?
operadoor, no se puede negar que tiene oficio.
flor de loto, seguramente es el texto más "especial" que he publicado. Normalmente no es así. Yo soy más modosito, jeje.

24 Septiembre 2007 | 06:41 PM

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Con la llegada, en la segunda década del siglo XX, del comunismo a Mongolia, se suprimieron los apellidos para destruir el sistema de clanes, la aristocracia hereditaria y la estructura de clases del país. Setenta años después, con la caída de los comunistas, esta absurda medida se abolió y una gran mayoría de mongoles tuvieron que elegir un nuevo apellido. Muchos decidieron adoptar "Sansar" que en su idioma significa Cosmos.

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