La Coctelera

Postales desde Mongolia

· Nunca convencerás a un ratón de que un gato negro trae buena suerte ·

2 Agosto 2007

Pérdidas

La primera vez, perdí el ombligo. Fue dos semanas después de mi nacimiento y mis padres, en lugar de asustarse y preocuparse, que hubiera sido lo suyo, lo celebraron saltando de alegría y guardando el pequeño apéndice como un trofeo. No sé cuanto tiempo estuvo dentro de un pañuelo blanco en el cajón de la cómoda. Sólo sé que una mañana mi madre, escoba en mano, persiguió al gato por toda la casa lanzando blasfemias e insultos irreproducibles aquí.
La segunda vez perdí el dedo meñique de la mano izquierda. No me preguntéis porqué ese precisamente. El caso es que tenía siete años y estaba jugando en la arena con mi pala, mi rastrillo y mi cubo amarillo cuando ¡plof! se cayó. Así, sin más. Recuerdo que lo cogí con la otra mano y lo miré algo sorprendido. Intenté volver a colocarlo en su sitio pero no hubo manera. Así que, como tampoco me dolía, lo puse en la bolsa de las canicas y los clicks de Famobil y seguí jugando. Total, un meñique es sólo un meñique. A la mañana siguiente mi madre se percató de la falta y puso el grito en el cielo. Fuimos a buscarlo pero ya no estaba. Y el gato se relamía.
Lo siguiente fue la mano derecha, toda enterita ella. Ocurrió un par de años después, mientras lanzaba una pelota de tenis reconvertida en pelota de béisbol a un vecino de rellano reconvertido en bateador. El chico hizo el homerun de su vida ya que la pelota junto con la mano salieron disparados a la ventana de nuestro salón, atravesaron el cristal haciéndolo añicos y acabaron junto al gato que, por aquel entonces, ya no cabía en su cojín y pasaba las horas muertas en el sillón de mi padre.
En casa se alarmaron. No era sólo que el niño perdía partes de si mismo como un árbol de hoja caduca, si no que además estaba el gato, que cada día estaba más gordo a costa mía. Para lo primero, decían que podía ser una enfermedad, pero yo sabía que estaba sano. Me llevaron a los médicos y después a los especialistas y después a los curanderos y después...
Nadie encontró una explicación.
Para lo del gato, tampoco.
Con el tiempo se me fueron cayendo más cosas: Un día un pie, otro día una oreja, el antebrazo izquierdo, la pierna derecha, un ojo... Y, a pesar de que mis padres no perdían de vista al gato, éste se fue haciendo más y más grande, hasta el punto que le tuvimos que construir una casita adosada de dos pisos con ascensor y parking.
Ahora, mientras escribo estas líneas, tecleando con un palito sostenido por mis labios, me he dado cuenta de que sólo me queda la boca y una ceja, la izquierda. La levantaría con mucho gusto para qué vierais que no he perdido el sentido del humor, pero me preocupa que salga disparada al techo y el gato la coja al vuelo.
De todas formas, pienso que tampoco es algo tan insólito ir perdiendo partes de uno mismo a lo largo de la vida.
¿No?

servido por sansar 17 comentarios compártelo

17 comentarios · Escribe aquí tu comentario

srta desconocida

srta desconocida dijo

Se pierden algunas partes, pero lo bueno es que somos como las estrellas de mar, como los rabos de lagartija que siempre se regeneran; a veces para ser exactamente iguales al original, otras para ser una versión evolucionada y mejor de nosotros mismos; que al fin y al cabo somos más que un par de brazos, o unas cejas saltarinas.
Y esa esencia nuestra no se pierde, de eso estoy segura.
:)

bicos

2 Agosto 2007 | 09:17 PM

Oli

Oli dijo

lo importante es que no hayas perdido el alma, que es donde está la esencia de uno mismo....
BESOS!!!

2 Agosto 2007 | 09:45 PM

walias

walias dijo

Pero también nos crecen nuevas!! Somos una especie de Mr. Potato...se nos caen unas partes pero nos crecen nuevas....aunque a veces donde no deben ir....

Un abrazo

2 Agosto 2007 | 11:11 PM

cavilante

cavilante dijo

De uno no se pierde nada, se almacena, permanece en la suidad de uno, como diría el padre Zubiri. Sólo se pierden las ciscunstancias. Uno es tronco y ramas, siempre crecientes, invasivas y enriquecidas en tu propia cosmogonía. Las hojas, las flores, los frutos que te ayudan a crecer como arbol, se van cayendo, se desintegran en el humus de la madre tierra.

Yo, en tu caso, intentaría dar caza al gato, convertirlo taxidermicamente en mochila e incorporarlo a tu ancha espalda, recuperando desde el meñique hasta el sentido del humor, que son sólo tuyos.

Deberías matar al gato (metafóricamente hablando).

Cavilo yo.

2 Agosto 2007 | 11:36 PM

submundo

submundo dijo

Tal vez en breve te crezcan partes nuevas y mejores que las anteriores, eso si, alejate del gato.

Un abrazo.

3 Agosto 2007 | 11:35 AM

unsolete

unsolete dijo

Bonito relato, me recuerda a un cuento corto de Gianni Rodari, donde el niño va perdiendo las partes de su cuerpo por puro despiste y a pesar de las indicaciones de su madre para que esté atento, "Juan el despistado", al final le son devueltas las partes perdidas y su madre se las coloca en el sitio y le da un beso...
Lo importante es que aunque perdamos algo lo podamos reponer para sentirnos queridos, enteros o a trozos...
Un beso.

3 Agosto 2007 | 11:49 AM

Alicia

Alicia dijo

A lo largo de los años vamos perdiendo cachitos nuestros, cachitos de nuestra vida , pero a la vez también vamos ganando, hoy a lo mejor solo ves lo que has perdido, pero mañana seguro que verás lo que has ganado, uf, que díficil
petoneys

3 Agosto 2007 | 12:13 PM

nurazul

nurazul dijo

Sansar,hasta ahora todo bien..pero...cuidado con mover con excesivo brío esa ceja...de todos es sabido que el alma reside en la ceja izquierda,asi que como se te escape y el señor don gato pase cerca..te veo vagando en busca de alma por toda la eternidad....ja,ja,ja..en fin,desde hoy miraré con cierto recelo a mi preciosa minina...un bico y buen finde

3 Agosto 2007 | 04:55 PM

pelusa

pelusa dijo

sansar,
yo tengo perdida la contraseña para ingresar de nuevo a escribir a mi blog, y por mas que envío cartas para pedir ayuda, no me responden.
me podrás ayudar tu?????
Porfavor,

Gracias,
Una pelusa en el aire

4 Agosto 2007 | 01:30 AM

sevillan

sevillan dijo

Tal vez la cura sea que, te comas al gato.

4 Agosto 2007 | 01:40 AM

sansar

sansar dijo

a todos, siento no haber respondido antes. Me encuentro de vacas en la playiqui y no me resulta fácil conectarme. Ante todo gracias por los comentarios.
No se me ocurre qué decir más. A lo largo de la vida uno va perdiendo trocitos de sí mismo y, como apuntais, se van regenerando o son sustituidas por otras. El caso es no perder la esencia de sí mismo. El alma. Por mucha hambre que tenga el gato.
bss a ellas y un abrazo a ellos ;)

5 Agosto 2007 | 12:18 AM

Chicristi

Chicristi dijo

Di que sí, Sansar!!

5 Agosto 2007 | 11:08 PM

cambio-cuentos-por-globos

cambio-cuentos-por-globos dijo

es cierto. A lo largo de la vida vamos perdiendo parte de lo que somos. Desgraciadamente algunas de esas partes o cosas que perdemos no las podremos recuperar nunca. Es cierto que, mientras uno no pierda su alma y su humanidad, no está todo perdido. Queda lo esencial. Pero a veces ese alma está tan vapuleada que uno querría que se perdiese para siempre todo.
Yo soy más pesimista que el resto, lo siento. Yo creo que se pierden muchas cosas, y la gran parte de lo que se pierde no se recupera nunca. De ahí que, a medida que pasa la vida, sientas un vacio mayor. Lo que hay que intentar es no perder demasiadas cosas o preservar las que aun nos quedan. Muchos besos y felices vacaciones.

6 Agosto 2007 | 05:34 PM

Cynthia

Cynthia dijo

¡Oye, yo encontré un meñique y unas canicas hace muchos años! Todavía lo guardo en el cajón de mi cómoda... por si las moscas nunca tuve gato... y junto con el meñique, siempre guardé las esperanzas de encontrar a su dueño.

Besos y meñiques

8 Agosto 2007 | 03:08 PM

Beto

Beto dijo

Fino!

14 Agosto 2007 | 06:20 PM

sweepblue

sweepblue dijo

jejeeje .. muy gracioso :D

16 Agosto 2007 | 09:40 AM

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Con la llegada, en la segunda década del siglo XX, del comunismo a Mongolia, se suprimieron los apellidos para destruir el sistema de clanes, la aristocracia hereditaria y la estructura de clases del país. Setenta años después, con la caída de los comunistas, esta absurda medida se abolió y una gran mayoría de mongoles tuvieron que elegir un nuevo apellido. Muchos decidieron adoptar "Sansar" que en su idioma significa Cosmos.

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