La Coctelera

Postales desde Mongolia

· Nunca convencerás a un ratón de que un gato negro trae buena suerte ·

5 Abril 2007

Un domingo entre semana

Me despertó el teléfono. Eran pasadas las diez de la mañana. Como esta semana tengo vacaciones, aprovecho para quedarme tarde por la noche leyendo en el sofá. Después me quedo dormido hasta que, de madrugada, me voy a la cama. Mi mujer, con un deje de preocupación infundado, me pregunta que porqué lo hago. Le digo que no pasa nada. Es simplemente que el sofá me reconforta. Será por el Chaise Longue , será que no acabo de acostumbrarme a una cama tan grande (2,00x1,60), yo que suelo dormir en posición fetal, las piernas encogidas en el pecho, cobijándome los brazos.
El caso es que sonó el teléfono y descolgué. Era mi mujer desde la oficina donde trabaja. Me comentó que, de camino, había escuchado por la radio que a las once había una jornada de puertas abiertas para ver el entrenamiento del Barça de fútbol. Desperté al peque y le pregunté si le apetecía ir. El sí no se hizo de rogar, así que mientras preparaba el desayuno a base de cereales, él se puso la camiseta blaugrana y un chándal por encima, recogió la cámara que le regaló su madrina por su cumpleaños y un bloc y un bolígrafo para intentar cazar un autógrafo.
Cuando llegamos al Mini-Estadi, el entrenamiento ya había comenzado y la gente había pillado los mejores sitios. De todas formas, nos situamos en tribuna, lo más cerca que pudimos, para poder verlos mejor. Como los asientos estaban todos ocupados, no tuvimos más remedio que sentarnos en la escalera, pero valió la pena. El peque es un fan de Leo Messi (hasta el punto de peinarse con la raya en medio, como él) y no se perdió detalle de su juego. La gente coreaba el nombre de los jugadores: ¡Decoooo, Decooo! y Deco saludaba con la mano vendada. De hecho, fue el único que saludaba. El resto andaba "concentrado" en lo suyo. Al acabar los ejercicios físicos se dispusieron a hacer partidillos en una especie de mini-triangular. Vestidos con petos de diferentes colores dispusieron de tres equipos de seis jugadores cada uno: Verdes, azules y amarillos. Los porteros, obviamente, no se sustituían. En cambio, el equipo que encajaba el gol, salía y entraba el otro que aguardaba afuera. Cuando esto ocurría, el equipo que marcaba se cambiaba rápidamente de campo. De este modo, el portero goleado pasaba a ser el portero del equipo que había marcado el gol. Todo esto en apenas un cuarto de campo. Era muy eléctrico. Las jugadas y los goles se sucedían rápidamente. No daba tiempo a pensar. Sólo a jugar. Me llamó la atención le técnica y la potencia de Giuly (Pienso que no se le hace justicia). También me fijé en Eto'o. Tiene cara de niño. De niño travieso, eso sí, pero niño al fin y al cabo. Al que no pudimos ver fue a Ronaldinho. Oí que estaba en el gimnasio. Alguien comentó que tenía 37º de fiebre. Otro que tenía un compromiso. No sé. El año pasado tampoco se le pudo ver. Pero mejor así.
Al salir, nos quedamos cerca del parking, a esperar la salida de los jugadores en sus flamantes coches, pero después de esperar un buen rato y no aparecer nadie, desistimos y nos dirigimos avenida arriba a buscar nuestro coche. A medio camino una chica con rasgos levemente orientales me preguntó en inglés si sabía donde estaba el metro. Con mi rudimentario inglés la invité a acompañarnos, ya que cerca de donde había aparcado se encontraba una parada. Mientras caminábamos le pregunté de donde era. "Indonesia" me dijo, pero en seguida quiso aclararme que vivía en París (no conseguí entender si estudiando o trabajando) y que la semana de Pascua, al tener vacaciones, había decidido bajar a conocer Barcelona. "Sola", le pregunté. Me respondió afirmativamente. Su "boyfriend" se había marchado a Amsterdam a pasar la semana, lo cual me resultó algo curioso, pero no insistí. Hablamos un poco del Barça, de la Sagrada Familia (a donde se dirigía en esos momentos), de la Semana Santa, incluso del "Pope" Benedictum Sixteen, en la, que yo recuerde, conversación más larga que he mantenido en inglés. Cuando ya se me estaba acabando el vocabulario, llegamos a la parada de metro y le desee una feliz estancia en Barcelona. "Muchas gracias" me respondió en un español con acento cerrado. Nos sonreímos y se fue escaleras abajo.
Al entrar en el coche mi hijo me preguntó admirado si sabía mucho inglés. "Mucho menos de lo que me gustaría. ¿Qué te parece si comemos un buen plato de macarrones y después nos vamos al cine?", le pregunté mientras nos dirigíamos de vuelta a casa. "¡Vale!", respondió.
Había tres películas para elegir. Un puente hacia Terabithia , Descubriendo a los Robinsons y Las vacaciones de Mr. Bean . Por suerte eligió la primera, que la estrenaron hace un tiempo, por lo que éramos pocos en la sala. Casi la totalidad de niños (y sus respectivos padres) que aguardaban ruidosos en la cola de la taquilla eligieron la de los Robinsons. Se notaba que es una semana sin escuela.
La película de Terabithia trata de un niño que vive con su familia cerca de un bosque (en Norteamérica, por supuesto). Es un chico tímido, introvertido que le encanta dibujar y pintar. En el colegio sufre las cacicadas típicas de los matones de turno, pero lo lleva bastante bien. Al poco, llega una niña nueva a la clase y, aunque reticente al principio, acaban siendo amigos (también son vecinos) y, cada día, al salir de clase, se pierden en el bosque jugando a imaginar mundos fantásticos con sus trolls, sus guerreros, sus princesas y demás. El chico anda medio enamorado de su profesora de música y un domingo ésta lo invita a acompañarlo al museo. Ese día, su amiga muere ahogada al cruzar el riachuelo que sirve de frontera de su particular país inventado y se suceden las escenas de duelo. De vez en cuando miraba de reojo al peque para ver cómo se lo tomaba, pero no mostró sentimiento alguno. En ese sentido es bastante discreto.
Al salir, jugamos un rato a las máquinas en la sala recreativa y volvimos a casa, mientras una fina lluvia nos acompañaba todo el trayecto.
Mi mujer llegó poco después y cenamos comentando la jornada. Echábamos en falta al mayor que se encuentra en un Campus de baloncesto. Después de cenar me quedé, como suelo hacer últimamente, leyendo en el sofá. Estoy por acabar Tokio Blues de Haruki Murakami y leí:

Por la tarde volví a la habitación, leí un libro y, cuando ya no pude concentrarme en la lectura, me quedé mirando el techo pensando en Midori. Me pregunté si su padre realmente me había pedido que cuidara de ella. Quizá me había confundido con otra persona. En todo caso, había muerto un viernes por la mañana en que caía una lluvia fría, y ahora era imposible descubrir la verdad. Imaginé que el hombre antes de morir se había encogido todavía más. Y luego, en el crematorio, su cuerpo había ardido y no habían quedado de él más que cenizas. ¿Qué dejaba atrás? Una triste librería en un triste barrio comercial y dos hijas de las cuales al menos una era un poco excéntrica. "¿Qué tipo de vida era ésa?", pensé. ¿Qué debía de estar rumiando su cabeza abierta y confusa, en el lecho del hospital, cuando me miraba? Pensando estas cosas del padre de Midori, me entristecí tanto que descolgué la ropa de la azotea antes de que se secara del todo, me fui a Shinjuku y deambulé por el barrio para matar el tiempo. Las calles atestadas en domingo me sosegaron. Compré Luz de agosto, de Faulkner, en la librería Kinokuniya, llena como un tren en hora punta, entré en el jazz café más ruidoso que encontré y escuché a Ornette Coleman y Bud Powell mientras tomaba una taza de café amargo y leía el libro que me acababa de comprar. A las cinco y media cerré el libro, salí a la calle, tomé una cena ligera. "¿Cuántas decenas, no, centenares de domingos como éste me quedan por vivir?, me pregunté. "Domingos tranquilos, apacibles y solitarios", dije en voz alta. Los domingos no me doy cuerda.

Casi no podía evitar cerrar los ojos de sueño pero, antes de caer dormido acurrucado en el sofá, pensé en las palabras del personaje de Murakami, mientras tarareaba el Norwegian Wood de los Beatles.

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13 comentarios · Escribe aquí tu comentario

srta desconocida

srta desconocida dijo

ahora también murakami entra en tu mundo de coincidencias y guiños escondidos, así las cosas cotidianas lo son menos, seguro.
Lo que opine de Eto´o me lo guardo, pero sí, crío si debe ser...

bicos

PD: ese chaise longue... leches, no te duermas en el sofá!!!

6 Abril 2007 | 04:51

sansar

sansar dijo

es superior a mí.

6 Abril 2007 | 05:02

srta desconocida

srta desconocida dijo

si es que dios le da camas de 2m a quien no las agradece....

6 Abril 2007 | 05:15

Mercedes desde Suecia

Mercedes desde Suecia dijo

Algún día la ciencia descubrirá el gen escondido que hace que la población masculina sea proclive a quedarse roque en el sofá... A mi marido también lo he rescatado alguna vez, y eso que nuestro sofá es horrible.

6 Abril 2007 | 08:25

Miss Calamar

Miss Calamar dijo

Me encantó Tokio Blues. Cuando terminé de última página volví al principio.
Beso.

8 Abril 2007 | 12:19

m

m dijo

Yo me llevé a doce niños a ver esa misma película en el cumple del mío. Al principio me parecía cursi pero, bueno, para los niños vale... pero cuando los niños tienen que tragarse todo un funeral, todo el tema de la muerte...me empecé a cabrear muchísimo, no podía seguir en la butaca callada, sin contar con que no soporto esas lecciones sobre el bien y el mal, en fín... a mì me desesperó (curiosamente a todos los niños les gustó). Aunque al salir del cine, cuando se sentaron a merendar, tenian la expresión de estar intentando asimilar todo lo que habían visto (que no era poco). Al mío no le impresionó simplemente fué cantándome cada uno de los minutos hasta que se acabó. Igual estamos un poco en desacuerdo...jajaja,,,

8 Abril 2007 | 08:39

m

m dijo

Sobre el tema del futbol, tuve la oportunidad, durante una temporada, de bajar a la carpa del Madrid que hay en el Bernabéu. Lo pasábamos genial, en realidad me daban igual todos los jugadores (la verdad es que no soy muy futbolera), nos reíamos presentándonos (eso sí) y sobre todo nos poníamos las botas de comer y beber cervecita (en el fondo eso era lo que más nos gustaba) y nos hacíamos alguna foto ( aprovechando).
Hace ya tiempo de eso y han cambiado bastante las cosas...
Ya te dije que te había echado de menos...se nota ¿no??

8 Abril 2007 | 09:06

aylandara

aylandara dijo

Ciertos post que nacen desde la más absoluta espontaneidad vital resultan sencillamente deliciosos..

Date cuerda amigo, date cuerda.... ;-)

9 Abril 2007 | 06:44

sansar

sansar dijo

@Mercedes: I like sofing!
@Miss Calamar: Eso mismo hice yo. Volví a leerme las primeras páginas. Ya tengo ganas de pillar Kafka en la orilla. bicos.
m: si te digo la verdad, la muerte de la amiga me sorprendió al tratarse de una peli para críos, pero no me pareció del todo mal. Desafortunadamente mis hijos ya han tenido noticias de la muerte a través de compañeros y amigos, y como se suele decir en estos casos, la realidad supera... Oye, me tienes que contar esos aperitivos en Chamartín. Menuda onda!! I missed you too.
@aylandara: hola guapi ;-)

9 Abril 2007 | 08:23

m

m dijo

Mi cuñadito era directivo del Madrid, así que le echábamos bastante morro y cada vez que había visita a la carpa, allá que nos plantábamos. Hasta que según tengo entendido aquello se volvió... un putiferio?? Pero nosotras lo pasábamos genial y como te digo bebíamos y comíamos.

9 Abril 2007 | 09:36

Miss Calamar

Miss Calamar dijo

Yo me compré uno que se llama "La caza del carnero salvaje", en cuanto termine el que me estoy leyendo ahora me lo pienso zampar. Ya me contarás de Kafka.
:)

10 Abril 2007 | 12:23

wallias

wallias dijo

"incluso del "Pope" Benedictum Sixteen, en la, que yo recuerde, conversación más larga que he mantenido en inglés"

Jajajaja

Sigues siendo el más grande amigo Sansar.

Tengo q retomar la buena costumbre de visitar tu blog para ver si actualizas...

:)

12 Abril 2007 | 04:54

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Con la llegada, en la segunda década del siglo XX, del comunismo a Mongolia, se suprimieron los apellidos para destruir el sistema de clanes, la aristocracia hereditaria y la estructura de clases del país. Setenta años después, con la caída de los comunistas, esta absurda medida se abolió y una gran mayoría de mongoles tuvieron que elegir un nuevo apellido. Muchos decidieron adoptar "Sansar" que en su idioma significa Cosmos.

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