"Finde" en París (Cuarta y última parte)
Bueno, me acabo de dar cuenta de que hace dos semanas del "finde" y todavía le doy vueltas por el blog. Primero fue el viaje en avión, después la cafetería y el anterior en el metro. Temas que igual que sucedieron (¿sucedieron?) en París pudieron ocurrir en Barcelona o en cualquier otra ciudad.
Así que he decidido cerrar el "especial" con algunos apuntes genuinos que me traje como souvenirs de allí.
-Tanto el hotel -como los restaurantes a los que fuimos- eran, por lo general, bastante más pequeños de lo que estamos acostumbrados por aquí. También son bastante más caros. Y, en algunos restaurantes, los precios no incluyen el IVA. Una buena opción (y más barata) para comer es ir al barrio de los estudiantes que está cerca de Notre-Dame. El ambiente es de lo mejorcito.

-Eso sí. Vayáis donde vayáis, coged el metro. No hagáis como nosotros que el primer día fuimos "ya que estamos cerca... Venga, vamos en un paseo hasta la Madeleine". Y este "ya que estamos cerca" nos fue llevando "de oca en oca", Plaza de la Concordia y Los Inválidos mediante, hasta la Torre Eiffel. Doce horas de caminata después, cuando nos metimos en la cama... ni Cité de l'Amour ni leches. A los treinta segundos estábamos durmiendo como troncos. Y lo peor vino al día siguiente, cuando me levanté con una tendinitis que todavía me dura.

-No se os ocurra dejar tirada, aunque sea un momento, la maleta o mochila en algún punto turístico. En menos que canta un gallo te montan un dispositivo para "desactivar" -explosión controlada mediante- el bulto sospechoso. Algo así nos ocurrió en el Pont d'Iéna, entre la Torre Eiffel y Trocadero, y no veas la gracia que le debió hacer a su propietario cuando vio la lluvia de trozos de camisa, calzoncillos y calcetines caer del cielo mientras todo el mundo entusiasmado se deseaba ¡Feliz Año Nuevo!
-Es aconsejable, por si acaso, llevar siempre un pequeño paraguas. La lluvia forma parte de la ciudad y no se detienen por que haga acto de presencia. Tampoco se inundan los túneles, ni se producen apagones, ni los semáforos se estropean. Mira que son raros.

-Los artistas callejeros se preocupan de que no interfieras el paso de los demás viandantes. Más que nada para no molestar a los que no les interesa el espectáculo. Otra cosa curiosa fue comprobar que en la cola para entrar en el museo del Louvre, algunos empleados vigilaban específicamente que no se colara nadie en la fila ya hecha. Lo que decía, raros, raros, raaaaros.
-A la Mona Lisa, de tamaño, me la habían pintado como un sello. Por fortuna, es algo más grande. Y, ¡sí!, te pongas donde te pongas, te sigue con la mirada. En cambio la Venus de Milo parece de piedra. Qué poca pasión.
-No sé si fue por el cansancio de tanto caminar, pero cuando llegamos a Sacré-Coeur unas monjas cantaban como los ángeles. Sentados en los bancos, pasamos un rato en la gloria. En la gloria de Dios.

-Para entrar en la Ste Chapelle -¡qué vidrieras-, primero pasas por un edificio del Mº de Justicia (control con Arco incluido). Allí encontré esta puerta, me imagino como reminiscencia de la época en que guillotinaban incluso a los propios revolucionarios.

-Si no os importa hacer colas, subid hasta el tercer nivel en la Torre Eiffel. La vista es espectacular y... ¡eppur si muove! Por las noches, se forman grupitos con litrona de vino en mano en el césped del Champ de Mars para ver la Torre iluminada.
-En el paseo con barca por el Senna, la guía comentó que al pasar por debajo del Pont Marie si cierras los ojos y pides un deseo... se cumple. ¡Mentira! Cuando volví, la nave donde trabajo seguía en pie. Después me enteré que sólo se cumple si está relacionado con el amor y cosas así. Unos cursis, pfff.
-En los cementerios -al menos en el de Père Lachaise-, aparte de muertos, en ocasiones ves cuervos. No como aquí que está lleno de palomas. ¿Palomas? Bah, qué poco sentido de la estética, por Tánatos.

-Según la wikipedia la tumba de Jim Morrison es la cuarta atracción turística más visitada de París. Pues ya es mérito, porque nos costó huevo y la yema del otro encontrarla. Estaba vallada porque a la peña, además de flores, le mola dejarle cigarrillos y botellines de whisky. Seguro que el bueno de Morrison debe pensar "chatos, a buenas horas venís".


-La tumba de Óscar Wilde también es de las más visitadas. Y la más besuqueada.
-Para acabar, los parisinos parecen –aunque tres días de turista no son un buen indicador de nada- algo fríos pero muy educados. Siempre van con los "bonjour, bonsoir, excuse moi, si'l vous plait, pardon, merci". Si entras en su juego e intentas chapurrear algo el francés, en general te los llevas de calle. Aunque siempre habrá excepciones.
-Si no habéis ido nunca, no tenéis perdón de Dios. A París hay que ir por lo menos una vez en la vida. Y si es con compañía, mucho mejor.
Y con esto doy por finalizado el fin de semana más largo que ha tenido este blog.
¡Au revoir a tous!
Más fotos en flickr


frikosal dijo
Yo tambien estuve hace poco; hice una foto parecida del cartel del metro. Yo habia estado hace años y me parecio que la ciudad no era tan cara como habia sido en relacion a los precios en nuestro pais. Un crepe en mi pueblo cuesta mas o menos igual que en Paris. O sea, ya somos casi tan caros como ellos. Pero mas pobres.
16 Octubre 2006 | 07:06 PM