"Finde" en París (Primera parte)
Lo sé, lo reconozco. Soy un poco provinciano. Desde octavo de EGB, cuando el viaje de fin de curso a Mallorca que no pillaba un avión. Así que el sábado cuando salimos a las cinco de la mañana para el aeropuerto del Prat, no las tenía todas conmigo. Suerte que uno es previsor y cuando faltaba media hora para el embarque, me tomé un Lexatín y la ansiedad se fue como la grasa con la dieta del Fairy. A tomar por culo. Aunque no hubiera hecho falta. Ya dentro del avión, me di cuenta que, si no fuera por las alas, parecía que te habías montado en un autobús estrecho y cutre camino de la Costa Brava.
El almirante Lairbus saludándonos en un correctísimo francés e inglés (se nos presuponía culturalizados, ¡donde va a parar!), las azafatas y azafatos ofreciéndonos ese momentazo con las directrices de seguridad: Brazos extendidos, a los lados, delante, detrás. ¡Uhhh, Macarena, ahá! Me pareció que yo era el único que se los miraba. Pobres. Total, si cuando estás arriba peta algo, a lo más que te debe dar tiempo es a santiguarte. Al menos, podrían enseñarnos a hacerlo como Dios manda, digo.
Ya en la pista de despegue, se apagan las luces por no se qué rollo de seguridad (aunque yo pa’ mí que es para que los que se esperan detrás no nos vean la cara de giñe) y el bicho que empieza a acelerar a lo bestia y, cuando piensas que al final se va a calar, de golpe mete primera y sales disparado como un tirachinas. Traqueteando por la pista, de sopetón, ves pasar toda tu vida por la ventanilla… ¿He dicho vida? Bueno, igual exagero y lo que realmente pasa es la Terminal A, pero ¿a que queda dramático?
Y despegas.
Ya sin punto de apoyo en tierra, observas como todo se va alejando, alejando, alejando... Y surcas las nubes mientras el sol asoma tímidamente por el horizonte. ¡Jo, qué bonito!
Ya digo, uno que es un poco provinciano y no está acostumbrado a volar.
El resto, bastante soso. La comida malilla, alguna turbulencia, los oídos taponados cada 2x3 y el tiempo que pasa volando, como no. En un plisplás, el pedazo de aeropuerto Charles de Gaulle que aparece y compruebas a ojo de buen cubero que sólo el aparcamiento debe ser como el aeropuerto del Prat entero.
¡Vive la France, MonDieu!
En el próximo capítulo: París. Una ciudad donde curiosamente la inmensa mayoría no solo entiende el francés, sino que incluso lo habla fluidamente. Realmente curioso.


Guso dijo
Cuándo subes a un avión ¿puedes controlar la situación? ¿Vale la pena que sufras si, llegado el caso, ocurre algo? Pues disfruta con la coreografía de las azafatas, lee un poco, ponte un poco de Vicks en la nariz (siempre se tapona), llévate la PSP y despiértate un poco antes de llegar. Ese es mi plan y me va bien.
4 Octubre 2006 | 10:23 PM