Sueños psicodélicos
¡Jo, el tiempo que hacia que no soñaba! Bueno, lo cierto es que soñar, soñar, lo que se dice soñar, lo hago cada noche. Faltaría más. Lo que pasa es que hace décadas que no suelo recordarlos al despertar. Aunque, hay sueños que es mejor dejarlos así, olvidados en algún rincón del disco duro. La mayoría son recreaciones de cosas que nos han pasado durante el día y que nuestro inconsciente, por su cuenta y riesgo, ha decidido hacer una copia en flash y pegarlo en el de esa noche. Aquel vecino que te cruzas en la escalera y que no te saluda de lo deprisa que baja la bolsa de la basura dejando un reguero de líquido pegajoso y un olor putrefacto, que te entran ganas de decirle: “Paisano, un poco de por favor, ¿no?” Pero vas y no le dices nada. Por educación. ¡Ya nos vale! Y te lo llevas, sin saberlo, al catre (la escena, digo) y allí sí, allí le cantas las cuarenta (y las cincuenta y las sesenta), aunque luego no sirva para nada. Pero lo descansado que te quedas, oye.
O, cuando, por enésima vez, te encuentras con ese ‘colega’ del curro que aprovecha cada oportunidad para echarte mierda y así conseguir que nadie se fije en la suya. Y se te aparece en tu sueño y le sueltas: “Pues en Compras no seremos perfectos pero, al menos, no vamos dando por culo como otros.” Y te quedas con la mirada tensa y desafiante, cual De Niro, esperando una respuesta que no llega. ¿Cómo va a llegar? ¡Si es tu sueño y tú eres el puto arquitecto de todo!
Lo cierto es que llevo un par de días con la gripe. Una gripe tardía, diréis, en pleno mayo, que ya son ganas. Pero es lo que tengo (como decía el anuncio freaky ese de la Once de hace un par de veranos), que tengo, que tengo de ‘too’. La cuestión es que la primera noche, la de la fiebre, fiebre, tuve unos cuantos sueños algo psicodélicos.
En el primero, me encontraba en el estadio de Saint Denis, pero ¡atención!, en el banquillo del Barça. Y, en estas, me llamaba el bueno de Rijkaard (que de cerca tiene aún más pinta de jamaicano) y me decía: “Vas a salir por Ludo”, y yo le contestaba: “Pero Mister, que yo soy zurdo”. Y él me miraba como diciendo, ¡qué paciencia! Saltaba al campo con las piernas agarrotadas por la emoción, me cruzaba con Henry que estaba junto a Ronnie hablando del precio de las casas con jardín de 2.000 m2 en Sitges y me guiñaba un ojo. En estas que el gaucho me centraba una pelota que me dejaba delante del portero. Solo. Y todo se volvía ‘slow movie’, la pierna pesaba una tonelada y la pelota, ya no te digo. Pero justo cuando lograba chutar, el dolor de garganta me expulsó del sueño y me desperté empapado, con la almohada encima del armario y mi mujer haciendo la ola.
Para una vez que juego una final de Champions. Y, además, en París.
Después de tomarme el ibuprofeno y una cucharada de jarabe, volví a dormirme y esta vez me fue más flipante. Me encontré cenando con los líderes del tripartito. Como lo oyes. Al lado de Saura y Carod y frente a Maragall. Y decía éste: “Podríamos empezar de nuevo con el Estatut.” Y yo le contestaba: “¡Sí, hombre!, y aguantar otros dos años las puyas del resto de España para que luego lo copien las demás comunidades como si nada. ¡Anda y que os den! Y me levantaba y veía, dos mesas más allá, a Artur Mas cenando con Zapatero, tapándose la boca con la mano de la risa que les daba.
Y, del cabreo, me metía en el Fnac a mirar cd’s y uno de los dependientes, que era Ramoncín, todo él con el uniforme verde, me decía: “No sé para que miras si luego te lo bajas toda con la mula.” Así con retintín. Y yo le contestaba: “Pues tú no hables que me he enterado que en tus tiempos tenías todos los discos piratas del Boss. Así que no vayas dando lecciones a la peña.” Y Ramoncín: “Eran otros tiempos.” Y yo: “Ya, por eso ahora vendes discos en vez de hacer giras, eh, rey.”
Y, que yo recuerde, ya no soñé nada más. Bueno, esta noche, me he encontrado en el colmado de la esquina a Elvira Lindo que, después de darme dos besos, me ha recriminado que le plagiara sus sueños. Y yo le he contestado: “Chica, a ver si te crees que vas a ser la única que puede tener sueños de grandeza.” Y ella: “Anda pásame la lata que dice ‘Melocotones en almíbar’ y duerme. Que estás de un cargante, que no veas.”
Será por el ibuprofeno, digo yo. Veremos esta noche...



rafael dijo
Para hacer tanto que no soñabas, no veas lo que te ha dado de sí la noche, será la fiebre.
Tú relato es buenísimo, a ver, vamos por partes: a mi también me pasa, que cuando me quedo con algo dentro, luego me monto una película en casa yo sólo, le diría esto, y luego esto, pero al final no digo nada.
Sansar, sin duda tienes el subconsciente como una olla exprés, todo lo que te ocupa y preocupa lo "revives" por la noche, con lo que eso cansa, sobre todo jugar un partido de la final de la Champion, aunque merece la pena jugar con Ronaldinho y Henry, debe ser una gozada; lástima tu tiro de almohada en toda la lámpara, un poco más abajo y era gol.
Lo otro es peor, lo del tripartito, eso de estar rodeado de políticos no es un buen sueño ¡huye de ahí y quédate en Saint Denis!
Sansar has hecho un relato sencillamente genial, me he reído un montón con tu gol de la almohada.
Saludos
10 Mayo 2006 | 10:11 AM